Agricultura y Política… Las coincidencias
Aunque no lo pareciera, la política y la agricultura tienen mucho en común. Aquel político o agricultor que no se preocupara desde la primera hora del día por sus representados, o por su parcela, se arriesgaría a perderlos o a perderla, o a que disminuyeran sus beneficios por falta de cuidado. Sobre todo ahora ante una modernidad en que los cambios asombran por su rapidez provocando una peligrosa falta de previsión para enfrentar sus retos, particularmente en los escenarios políticos, sus actores y las obras que representan encuentran cada vez una mayor y aguda crítica en sus auditorios.

Cada vez más , los espectadores reclaman contrariados por la repetición de obras cuyos libretos no se han modificado, y que si en algunos casos esto se ha hecho, la variación ha sido mínima.

Todavía los repartos no se balancean. Tiempo atrás una mayor cantidad de actores con larga trayectoria en el espectáculo sobresalía notoriamente ante la escasez de caras nuevas y frescas en los repartos; hoy, por el contrario, muy contadas veces se observa en las carteleras los nombres de algunas figuras que en el ayer era común encontrar como personajes de toda puesta en escena.

Al parecer, de acuerdo al sentir de quienes con su presencia llenan los auditorios, y con su aplauso o la negativa de el muestran sus preferencias, los exclusivismos selectivos, aquellos que por si solos determinaban a los buenos y malos, y a quienes debían estar, y a los que no, parecen hasta hoy no entender el reclamo cada día mayor de una sociedad preocupada por este intento de ahondar ese abismo generacional en ocasiones antagónicamente desgastante, que de no encontrarle soluciones podría impedir o retrasar necesarios avances.

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Al buen político al igual que al agricultor preocupado siempre por el cuidado de su siembra, los une su visión del mañana. Ambos saben que aquello que no hagan por la búsqueda de resultados favorables, no vendrá solo.

“Quien no siembra no cosecha”… De la noche a la mañana nada se puede lograr, y cuando así fuera por azares del destino, la amenaza de los riesgos inherentes no dejaría dormir a sus beneficiarios, pues en cualquier momento los muy precarios triunfos se podrían colapsar.

Con una muy compleja problemática socio-política, económica, educativa y cultural, el México del siglo XXI pareciera hoy, más que en ningún otro momento de su historia, obligado a definir con su voto en el próximo proceso electoral del 1 de julio, cual habrá de ser la oferta política en que habrá de confiar para enfrentar los grandes y difíciles desafíos que los tiempos por venir nos deparan.