Tiempo de parteaguas el presente, los días por venir se anticipa serán más difíciles que en el pasado reciente. Problemáticas parecidas pero nunca iguales, con mexicanos maduros por los efectos de realidades que influyeron en el planteamiento de sus reclamos por necesidades largo tiempo no resueltas. De un México al que el siglo XXI muestra hoy convencido de que las reformas comprometidas para su mejor desarrollo, se cumplan.

Casi al finalizar este 2017, la decisión en tal sentido se muestra firme; junto con la educativa cuyos avances pese a sus muchos contratiempos es inobjetable, las demás continúan ese muy difícil proceso de cambiar de raíz estructuras y formas conductuales que se pensaban inmutables.

Lo que hasta hace pocos años funcionaba para la atención de demandas políticas, sociales, culturales, económicas, ha sido desfasado por actitudes de un cambio cuyo radicalismo ha tomado, por momentos, de sorpresa a una sociedad que se ve paralizada y rebasada por grupos cuyo activismo, sobre todo en los sectores más desprotegidos, muestra las evidencias de inquietantes cuarteaduras sociales cuya solución no debe ser postergada por más tiempo.

En un México tan mosaical no solo en sus regiones tan distintas unas de otras, con mexicanos con particularidades que obligan a un muy cuidadoso análisis de ellas pues no pueden ser iguales las respuestas a sus necesidades; en este país nuestro con marcadas y sentidas diferencias entre un norte, centro y sur, tan dolorosamente abismales por sus marcados contrastes en: desarrollo económico, logros educativos, salud, combate a la miseria, comunicaciones, seguridad…

Las formas conductuales del pasado, por añoradas que fueran en quienes por intereses personales piensan que los mexicanos todavía no han madurado políticamente lo suficiente, muestran ahora, en el México del presente, el eco sonoro de un sentido reclamo de que su voz se escuche. Las elecciones que en el 2018 habrán de decidir quienes de los candidatos, tanto de los partidos políticos, como independientes, recibirán el voto mayoritario y solidario del electorado mexicano para la Presidencia de la Republica, Senadurías y Diputaciones federales, Diputaciones locales y Presidencias municipales, permiten anticipar una contienda de pronósticos reservados a la que los politólogos auguran resultados muy cerrados y con ello seguras controversias, gane quien gane.

La demanda ciudadana de ser escuchada y atendida no admite más esperas, urge en quienes buscan su respaldo, de una mayor cercanía; de diálogos francos y abiertos; de que sus demandas formen parte de los planes y proyectos de gobierno obteniendo con ello credibilidad. Ese es un sentido reclamo nacional a todos los partidos y a sus candidatos. Quienes lo hagan suyo no como una concesión política sino como punto de partida en sus programas de gobierno, obtendrán seguramente la confianza ciudadana.

Esas voces que en los recorridos de los candidatos se escuchan muchas veces airadas, demandantes de atención, son producto de esa falta de credibilidad que ha minado aquella fortaleza tan poderosa de certidumbre que en el ayer hacia inexpugnable, invencible, a quienes en ella tenían un valioso recurso para sus victorias. La construcción, o reconstrucción, de esas fortalezas de credibilidad, es tarea difícil, más en un presente en que el escepticismo pareciera borrarla de la memoria.

El anhelo por una pronta recuperación de la seguridad, de mayores y mejores oportunidades de empleo, de una economía solida, de una educación que forme a mexicanas y mexicanos con las capacidades suficientes para triunfar al reto de los nuevos tiempos, se hace sentir como una voz con una sonoridad imposible de no ser escuchada.

Las responsabilidades en cada tiempo son circunstanciales. Cada generación pretende dejar huella singular, propia, de su presencia. Quienes ya tuvieron esas experiencias están convencidos de que son únicas e irrepetibles, ya que cada momento jamás habrá de ser igual. Bajo esa premisa de pleno convencimiento, lo anterior puede ser recurso valioso en el fortalecimiento de esos nuevos liderazgos jóvenes cuya visión de un México más actual, y mejor, requiere no solo de buenas intenciones, sino también de la suma convencida, plural, de la sociedad en su conjunto.