JOSE SAHUI TRIAY

Un México más plural y participativo pondrá a prueba durante el proceso electoral del próximo año, los buenos propósitos de un pleno y absoluto respeto a todos los actores que en él intervengan, a sus resultados, particularmente en lo que respecta a la Presidencia de la República.

Las abrumadoras victorias que en el pasado hicieran posible “carros completos”, han sido barridas por los huracanados aires de un despertar ciudadano con claras señales de un crecimiento imposible de detener. Si de siempre los reclamos de quienes no eran triunfadores en los procesos electorales se hacían sentir, los Partidos y sus candidatos tienen hoy más que en esos ayeres, que implementar de antemano estrategias para sortear con éxito, ganen o pierdan, los conflictos poselectorales que ahora se agudizan más con el resultado de mínimas diferencias de sufragios. Esta es una consideración que ocupa especial atención a todos los Partidos, a sus dirigencias, y sus abanderados en ese proceso, particularmente para el momento en que las instancias correspondientes dan su veredicto, ya sea en favor o en contra.

Toda actividad tiene obligadamente, debido al tiempo de su ejercicio, un desgaste natural. Los partidos políticos no son la excepción. El cambio es una realidad imposible de detener; lo que hoy es, mañana no necesariamente tiene que ser igual. Entender sobre todo por la dinámica de este siglo el impacto que en todo desempeño tiene esa transitoriedad tan inmediata hoy, preocupa a los estudiosos en esos menesteres. No solo en México, sino en todo el mundo, esta es una constante que convendría no desatender.

El cambio ha sido invocado siempre como detonante de procesos que se han observado en el devenir de las naciones, con mayor o menor intensidad. Esa actitud en el ejercicio ciudadano de sus derechos, ha impulsado un refrescante proceso democratizador que literalmente se ha hecho sentir en el mundo moderno pese a la aun todavía no aceptación de quienes se niegan a una realidad evidente.

En este nuevo siglo los anacronismos políticos no tienen cabida, las cerradas resistencias encuentran hoy la contundente respuesta de un activismo ciudadano cuyos efectos comienzan a tener éxito en costumbrismos limitantes en el quehacer de la política.

En la política habría que reflexionar cada vez más,  acerca de la importancia de entender que las diferencias entre quienes en ella participan no los convierten en enemigos. Los antagonismos por la práctica de ese derecho a decidir en la preferencia por tal o cual candidato del Partido que fuera, no tienen, no han tenido nunca, motivo para su existencia. El respeto es la consecuencia que lo anterior genera a sus practicantes.

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Nuevas generaciones con capacidad creadora y energía, asumen ahora liderazgos que por derecho siempre les había correspondido, aun cuando su presencia se limitaba sobremanera. Hoy, en lo social, cultural, político y económico de la vida del país, una juventud mejor preparada participa mas en ese proceso trasformador que por su dinámica tan acelerada preocupa a muchos.

El cambio generacional requiere no solo del sello inconfundible de la edad sino de la coincidencia de propósitos y un solidario, capaz, espíritu permanente de renovación. Ese es el tiempo del México que en el presente asumen los jóvenes el reto de una modernidad más urgida de mejores resultados.

“Existen jóvenes viejos, y viejos jóvenes”. De todo hay en la viña del Señor. Es incuestionable que México es un país de jóvenes, pero… habría de no olvidarse la experiencia, conocimientos y disposición de quienes todavía, aun activos y capaces, han disminuido notoriamente su presencia en esos escenarios.

La brecha generacional produce incertidumbre, particularmente en la clase política donde los “tecnócratas” son siempre jóvenes, y los políticos, en su mayoría, “viejos”. Suma o resta; esa es la gran incógnita a despejar en la elección de 2018, un México distinto, con singulares características de maduración política merece que su voz sea escuchada.

Las elecciones del próximo año representan una histórica encrucijada para los mexicanos, pues no solo habremos de decidir a quienes elegiremos como Presidente, sino también votaremos en ese proceso por Senadores, Diputados Federales; en algunos Estados, para Gobernadores, diputados locales y presidentes municipales. ¡Vaya compromiso!

2017 es ya sin duda un año de interesantes movimientos y acomodos en el tablero del ajedrez político nacional. Desde ahora todas las piezas se están colocando con sumo cuidado en sus respectivos lugares, bajo la atenta mirada de los directamente responsables de ello. Las jugadas, en el momento preciso, serán de los ajedrecistas que a esa Gran Final lleguen buscando una victoria, que desde antes de comenzar el torneo se antoja muy difícil.