Ayer fue el Día Internacional de la Mujer, incontables felicitaciones pero, en esos días conmemorativo las felicitaciones no deben darse, el 8 de marzo de 1857 en Nueva York, mujeres bajo condiciones inhumanas y salarios de hambre salieron a manifestarse, pedían lo que no debería ser necesario pedirse, mejor vida y un trato igual, la policía dispersó esa protesta, en 1911, 140 mujeres inmigrantes que trabajaban en una fábrica en Boston perecieron en un incendio del cuál no pudieron escapar pues las puertas de salida estaban cerradas con llave para que no pudieran robarse nada.
En México, en 1952, 20,000 mujeres le pidieron al candidato presidencial Adolfo Ruiz Cortines que cumpliera con su palabra de incluir en la Constitución el derecho de las mexicanas a emitir su voto. Tres años más tarde, el 3 de julio de 1955, las mujeres en México, votaban por primera vez. Para que se ponga en perspectiva, mi madre tenía 17 años en ese histórico día, es decir, la generación inmediata anterior a la mía, lo vivió en carne propia.

La búsqueda de la igualdad… Lo verdaderamente lamentable es que hay que buscar lo que debería estar, lo que debería ser. Es increíble que en el 2017, se siga pagando más a los hombres que a las mujeres por el mismo trabajo, que se consideren más aptos a los hombres que a las mujeres para un empleo, que existan, aún, cláusulas de maternidad o la exigencia de no embarazarse para poder obtener un empleo.

Felicitar a la mujer en el 8 de marzo es una afrenta, no hacia ellas como género, a nosotros como sociedad que no somos garantes de un derecho, que seguimos dividiendo a la especie en cuotas, en dinero, en credos. Si pudiera escribir lo que pienso de esto, el insulto estaría en mayúsculas, en negritas y subrayado.

Las mujeres no quieren escuchar que son lo más bello de la creación, el alma de la tierra, la perfección de Dios. Quieren un trato igual por parte de los que somos sus iguales pero tan obtusos e imbec… Que lo convertimos en una pose, en algo por lo que vanagloriarse y que pensamos que con eso somos mejores… Caray, si de verdad viviéramos en igualdad, esto sería tan innecesario como hablar de la necesidad de respirar y tan absurdo como decir que el fuego quema o que el agua moja.

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Por supuesto que podemos hablar de la admiración a las mujeres de nuestra vid, yo lo hago pero no por ser mujeres, lo hago por la capacidad que tienen en lo que realizan, trabajo en una empresa que se construyó porque mi madre lo soñó, que se convirtió en lo que es por el trabajo de mi hermana y me casé con una mujer que abrió su propia empresa, que me si pide mi apoyo o consejo lo hace como igual y no porque crea , piense o sienta que sin mí, no podría hacerlo.

Amar y respetar… El amor es subjetivo, único, es mío hacia otro ser, puedo decirlo y demostrarlo o no hacerlo y no por eso dejaré de amar. No obstante, el respeto es otro contenedor completo de harina en barricas de maderas preciosas herradas en plata. El respeto se demuestra y el mayor grado de respeto es considerar a otro ser como tú igual en todo, absolutamente todo sentido, en capacidad, inteligencia, palabra y vida.

Es responsabilidad de todos los que pensamos así luchar por la igualdad de cada individuo, no felicitar, la lucha no es de un día, es de cada segundo de nuestra existencia y ojalá la lucha no fuera por conseguirla sino por defenderla a toda costa, no es decir “mexicanos y mexicanas, campechanas y campechanos”, esas son solo palabras, la igualdad está en pensar, decir y actuar como… Seres humanos.