¿Por qué amas a México? Responde con la verdad, no mientas, no te mientas.
Leí hace poco en redes el alto porcentaje de mexicanos que hubieran deseado nacer en otro país (encuesta De las Heras Demotecnia). No, no juzgo, no soy quien para hacerlo y no obstante, tampoco es como para dejarlo pasar.

A nadie se le impone el amor, a nadie se le obliga a amar a un país, algunos lo hacen por la simple consecuencia de su nacimiento, entonces, si deseas nacer en otro país algo no ha funcionado de la manera correcta.

Cierto, tenemos infinidad de fallas como sociedad, todos sabemos cuales son, por mucho que queramos justificarlas, ocultarlas o minimizarlas. Sin embargo, en este mes en particular, en nuestro mes patrio, en el que gritamos ¡Viva México! a todo pulmón es particularmente doloroso pero, bueno, aceptemos que no somos un país de primer mundo, un país que tiene problemas a diestro y siniestro, que siendo uno de los más ricos en recursos naturales, tiene pobreza en demasía. Una vez que lo aceptemos, averigüemos la razón de que estemos hundidos en esa miasma, sí, aquí pueden culpar a los que deseen, ahora, hagamos la pregunta ¿Qué estoy haciendo para remediarlo? Aquí si deseamos echar culpas, hay que buscar un espejo.

México es un pedazo de tierra en el planeta, conocemos su forma porque la hemos visto representada en un mapa, con un pueblo que en términos generales, ha sufrido históricamente y que pareciera que se nos grabó en la psique de una forma que hace que nos metamos el pie solos a cada paso.

¿Eso es todo? ¿Eso somos? ¿Qué es México? ¿Qué eres para México? Cambiaré la pregunta inicial ¿Por qué te amas? Al responder no nos dejemos llevar por el “alabanza en boca propia es vituperio” no tienes que contarlo, solo contesta con la verdad, no con falsa modestia o humildad, no con látigos ardientes de autoflagelo. La verdad desnuda, límpida, tersa o espinos, no importa cual sea la respuesta siempre y cuando sea verdadera y digo que no importa la respuesta pues si es negativa, saberlo nos permitirá cambiar, si es positivo, nos hará reforzarlo.

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México es mucho más que el pedazo de tierra que pisamos, la bandera o el himno, sí, es la suma de todos pero, también es una idea, un concepto, existirán tantos México como mexicanos, cada uno lo verá de manera diferente y será tan grande como queramos que sea o, en su caso, será tan pobre y gris como deseamos que sea.

Cada uno de nosotros puede elegir entre mejorar su entorno o soportar sus incomodidades, entre ayudar o perjudicar, entre la apertura o la cerrazón, en otras palabras, todos podemos formar un camino de bienestar común, uno en el que la transa sea la excepción a la honestidad como regla, en el que podamos sonreír a un paisano en lugar de verlo con desconfianza, en un México donde evitemos meternos todos en la misma canasta en la que no nos creemos que podemos lograr lo que nos propongamos o peor aún, en la que generalizamos en lo negativo en donde el “todos son iguales” se torna ofensivo.

Poder gritar un ¡Viva México! No en un brindis, no en un mes, ni siquiera en voz alta, gritarlo en silencio, sabiendo que México está en nosotros, que nosotros somos México, que podemos mejorar lo que deseemos en lo general si mejoramos en lo particular.

Un país es su gente… ustedes son mi país y si me preguntan ¿por qué amo a México? Por mi familia, por mis amigos y por un amor propio que es sencillo de escribir pero infinitamente complicado de describir. Amo a México y como todo amor, puede ser complicado a veces, desesperante en ocasiones pero es el motor que nos mueve, el inicio, el camino y el destino. El amor no juzga, no pide, no se condiciona pero, para que sea amor y no cariño o complacencia se necesita… verdad.