Eran los años 60’s, la oligarquía atacaba al gobierno cubano y el nuevo gobierno revolucionario buscaba legitimarse entre los más necesitados, que no eran pocos. El gobierno del general Fulgencio Batista y la burguesía campeaban en Cuba. Desde la lejana Unión Soviética (URSS) el presidente Nikita Kruschev le pedía al gobierno cubano que diera un escarmiento a la clase empresarial cubana, que tampoco era poca, y que empoderara a la clase trabajadora. “Hay que repartir la tierra, hay que crear escuelas, doctores, y apoyar al deporte”.
Ernesto Ché Guevara era Ministro de la Banca, y le preocupaban las reacciones de los empresarios que no tardaron y empezaron a emigrar a la Florida. La URSS insistía: “Nosotros te daremos la industria, ustedes lleven la Revolución hasta la raíz”. Y así fue, el triunfo de la Revolución Cubana llegó al resto de América Latina y surgieron movimientos armados en El Salvador, Nicaragua, Bolivia y Colombia.

La tierra se le entregó a los campesinos, que al no tener con qué medios trabajarla dejaron de hacerlo, y desde Moscú llegaron a la tropical Habana para apoyar el campo hasta barredoras de nieve.

En medio de la Guerra Fría, Cuba era “la primera revolución socialista de América”, decían “la primera” porque buscaban que en otro país fuese la segunda pero en 35 años no ocurrió. Estados Unidos mucho ayudó en esa definición, la burguesía cubana también. La reacción fue inmediata, sustentada en un bloqueo económico y comercial, y en constantes ataques al nuevo gobierno de Cuba.

El objetivo estaba logrado: los enemigos del modelo cubano estaban identificados, y al pueblo le hicieron ver quiénes eran, y a fuerza de tanto repetirse se convirtió en una verdad incuestionable.

En Cuba muchas cosas salieron bien, y otras no. Entre estas últimas destaca una en particular: el campo cubano. ¿A qué viene todo esto? No hay que ser alarmistas, pero habrá que estar atentos.

Morena presentó un decreto en el Senado para abolir la vigente Ley Agraria. En nombre del Grupo Parlamentario de Morena, el senador Ricardo Monreal presentó una iniciativa que contempla la expedición de la “Ley para el Desarrollo Agrario” que reconoce al ejido y la comunidad como las organizaciones más representativas de la sociedad rural y su aporte al desarrollo nacional y deroga la actual legislación en la materia.

Entre las modificaciones que plantea la nueva ley destacan los artículos del 137 al 151, que básicamente regula y pone las bases para prohibir grandes extensiones agrarias en propiedad de alguna persona, empresa o asociación.

La nueva ley propone los límites de la pequeña propiedad que no deben de ser mayores a 100 hectáreas para cultivos especificados, 150 hectáreas para cultivo de algodón, 300 hectáreas para cultivos variados; mientras tanto, las áreas forestales no deben de exceder las 800 hectáreas y las tierras ganaderas no deben de tener más de 500 cabezas de ganado, por persona. Atención a este punto, “las empresas o asociaciones no podrán tener tierras agrícolas, ganaderas o forestales mayores a la extensión permitida en los límites de la pequeña propiedad”. Por tanto, dice la iniciativa, “los individuos, asociaciones o empresas que excedan los límites establecidos por la nueva ley, tendrán que presentarse en audiencia ante la autoridad correspondiente y tendrán el plazo de 1 año para fraccionar o enajenar las propiedades para regularizar su situación.”
Es comprensible atender el campo, y a los campesinos, hay que velar por garantizar mayor igualdad y mejorar los salarios, pero a todas luces esta iniciativa abre la puerta a limitar la propiedad privada.

Lázaro Cárdenas, uno de los personajes en los que se inspira la Cuarta Transformación, defendía que al campesino solo se le puede entregar la tierra si tiene garantizada su salud, su educación, y garantizarle altos niveles de vida.

No entregando la tierra sin haciéndola producir con todos los elementos que ahora pone la ciencia y la tecnología a disposición de la agricultura. De otra manera la propuesta de Morena no tendrá éxito y el camino de limitar la propiedad privada no será más que un pretexto, otro, para decirle a la clase empresarial del país que el nuevo gobierno va tras ellos.
Por repartir, se pueden hasta parcelar los desiertos de Sonora, Chihuahua, San Luis Posotí y el de Baja California, pero no existe un modelo de repartición de la tierra que sea exitoso. Ni los Koljos soviéticos, ni las cooperativas socialistas han dado resultado. ¿Cómo lograr que el campesino trabaje la tierra en lugar de rentarla? El modelo venezolano de repartición de la tierra fracasó; 10 años después Venezuela importa el 70% de los alimentos que consume y sus anaqueles de supermercados están vacíos.
¿Cómo evitar que a un campesino en Hopelchén, Izamal, Carrillo Puerto, o Comaltepec le llegue a su parcela una barredora de nieve?