Quizá si esto que nos deseamos en estos días se prolongara medio año, otro gallo nos cantara, quizá si nos olvidáramos por un momento en que las celebraciones de fin de año pueden ser utilizadas para mensajes de posicionamiento político, para gastarnos medio aguinaldo en compras de cosas que no necesitamos, o queriendo adoptar una pose, una tendencia, una imagen de ser lo que no hemos sido en 364 días.
Quizá si nuestros deseos de paz, amor, unión, de felicidad en compañía de los nuestros, los aplicáramos en nuestras vidas y no sólo fueran las palabras que “hay que decir”, todo fuera, de verdad, mejor.
Estas fechas son maravillosas pero, nuestros buenos deseos se terminan pronto pues creemos necesario regresar a la cruel, fría y solitaria realidad, en la que debes de enseñar dientes y fregar pues atrás te vienen fregando como si esa fuera la única verdad que nos rige, en la que ser bueno es ser tonto, en la que ser honesto es ser burro, en la que ayudar a un ser humano solo se hace si hay una cámara enfrente para que con la foto quede evidencia de “lo buenas personas que somos”.
Tal vez tú, lector, no seas así y tú, a diferencia de otros, crea en que el ser humano es inherentemente bueno, en que se puede ayudar desde al anonimato pues no ayudas por el reconocimiento sino por el gusto de hacerlo, en que dices la verdad no porque sea lo mejor sino porque siempre lo hiciste. Tal vez tú, lector creas que siendo bueno ya estás haciendo tu parte y sí, quizá hasta de más hagas pero, ver una injusticia y pasar de largo, escuchar una mentira y no terminarla, saber de deshonestidad y no denunciarla, solo logra que estas sigan y el mundo en que crees que el ser humano es inherentemente bueno, empieza a parecerte lejano pues ves a personas que cometen ilícitos y no solo no hay castigo sino que hasta medran en nuestra sociedad como seres a los que hay que admirar, en los que sabes que roban y sus excesivos lujos los delatan pero, cerramos los ojos y los felicitamos por la nueva camioneta, por la nueva casa u otros que por amistad más que por capacidad, llegan a puestos en los que sus decisiones afectarán a su sociedad y debemos esperar que su curva de aprendizaje no sea tan extensa.
Imaginen por un momento en que todo lo que deseamos este domingo lo viviéramos dentro de nosotros, en los que buscáramos la paz y la armonía, en la que no guardáramos rencor pero en la que tampoco permitiéramos actos y actitudes erróneas. Imaginen por un instante en que pudieras confiar en el de a lado por la sencilla razón de que es un humano, en la que tus hijos puedan correr tranquilamente por el parque, en el que trabajar sea remunerado de manera adecuada y las transas castigadas de manera expedita. Piensen en lo maravillosos que sería este país si aquellos que son servidores públicos tuvieran vocación real de servicio, en la que ser mexicano fuera más importante que tu filiación partidista, en la que no emitiéramos juicios de valor por condición social, preferencia sexual, color de piel o religión, en la que la cultura del esfuerzo no se mencionara como un “plus” pues todos nos esforzamos, en los que generalizar sea igual de desagradable que minimizar, en la que todos hiciéramos nuestra parte no por reconocimiento sino porque es lo que nos corresponde, en la que extender la mano para ayudar a un hermano en desgracia sea la norma y no la excepción y se haga por humanidad… Nada más.
Imaginen que amplían su familia a toda su especie, en la que tenemos un hermano de otro color de piel, de otra preferencia sexual, de otra religión, de otro ideología política; imaginen que en esa familia, las discusiones son fuertes pero como hermanos, hay más cosas en común que diferencias así que después del zape o la trompetilla, viene el abrazo pues nosotros también somos diferentes, también pensamos que tenemos la razón pero, nos queremos y eso, eso es lo que importa.
Mi mensaje de felicitación fue: Les deseo, lo que deseen x2 ¡Feliz Navidad! Así que, si desean cosas buenas para sus hermanos, que lo obtengan doblemente, si desean el mal… Bueno… yo no les desearé nunca eso.
Nuestros buenos deseos persisten pero, deberemos transformarlas en buenas acciones y buenas actitudes y quizá, con medio año así, también transformemos a nuestro país.