Dicen los panistas, para justificarse, que lo que ha hecho Anaya no es más que la reedición de lo que hizo Felipe Calderón cuando fue presidente de la República. Sin embargo, aunque lo censuran lo emulan y repiten eso que dicen fue un error del ex presidente.

Calderón hace mal en descalificar al PAN que lo llevó a la presidencia de la República, pero no hace mal cuando censura a quienes hoy son dirigencia por desdibujar la historia de ese partido y haberse convertido en émulos de Roberto Madrazo.

El problema de Calderón es que apoya a su esposa aún contra el que fue su partido aunque debió haberse hecho a un lado de la aspiración de su esposa, legítima, no sólo por no dañar a la institución que lo llevó a la primera magistratura sino también para evitar que sus negativos contaminaran la carrera de su mujer, a quien debió respaldar pero en privado.

Al PAN Felipe le debe gratitud y lealtad como institución aunque no a los dirigentes que hoy han acreditado que son traidores a quien les tendió la mano y los hizo parte de su gestión presidencial.
El fin de semana, la manera tan despótica de Anaya de hacer las cosas pagó una nueva afrenta en el gobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado.

El sábado pasado, en su intervención ante el Consejo, Corral tachó de simulación la integración de la lista, que comprende al Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, al dirigente Damián Zepeda, y a la paisana de Anaya, Adriana Aguilar, entre otros, según publicó Reforma. El discurso duro de Corral se hizo viral de inmediato.

Y acusó a la dirigencia de haber secuestrado los cargos de dirigencia, de asumir un control férreo y de suplantar con el pretexto del Frente los órganos de dirección y selección de candidatos de su partido. Y agregó que lo mismo ha sucedido en los estados donde los comités han replicado el mal ejemplo del dirigente, famoso por sus traiciones y las violaciones a sus acuerdos y su falta de palabra.

En Campeche, la actitud de Anaya es replicada por su aliada Yolanda Valladares. Ella, como sus seguidores, para quedarse con los cargos plurinominales y las candidaturas, han clonado al pie de la letra la manera como se conduce el PAN nacional y prueba de ello es que el PAN definió ya a su candidato a alcalde en el segundo municipio más importante de la entidad y será Jorge Rosiñol Abreu, candidato derrotado a la gubernatura, quien aspire a ganar unas elecciones que le permitirían repetir en un cargo que ya detentó y que dio resultados que se han sumado en la isla a la descomposición que hoy vemos.

También podría interesarte  3 de 3 ¿Solución o distracción?
Rosiñol es compadre de Enrique Iván González López, también ex alcalde –el priista- de Ciudad del Carmen, y es pariente de José Ignacio Seara Sierra, también ex presidente municipal de la isla. La otra candidata es Ileana Pérez, sobrina de Santiago Pérez Aguilar, tesorero doce años en los gobiernos de Antonio González Curi y Jorge Carlos Hurtado y pariente también de Yolanda Valladares Valle.

Cierra el círculo Rocío Matesanz involucrada recientemente en un escándalo financiero por la asignación amañada de contratos con Pemex a una empresa de su marido y por lo que la legisladora no ha dado una explicación razonable.

Rosiñol, candidato a gobernador, habría recibido de su compadre González López todo el apoyo para ganar y acordado encubrirle sus pillerías. Se cerraba el círculo, Rosiñol-Valladares-López unidos por su afrenta personal contra los Muriño y el PRI, ese partido en el que los tres militaron.

Yolanda violentó la norma. Con el pretexto del Frente sacó apurada a Eliseo Fernández –quería obligarlo a ser diputado federal- y ahora a Rosiñol; a Ileana Pérez, su más férrea opositora en el Congreso local para mandarla a la Federal y un par de desconocidos que justifican lo que siempre supimos: ella será senadora, cabeza de fórmula porque si pierde, de todos modos llega.

Asistimos a una campaña en la que el asco debiera ser el denominador común: un émulo de Madrazo, un farsante que reedita a la mafia que tanto combate y un aspirante que carga con el descrédito de un partido que no termina de hacerlo suyo.

Mientas, los ciudadanos asistimos al final de una vida “democrática” que no termina de cuajar, que no termina de satisfacer precisamente porque todos los vicios parecieran hoy parecer virtudes. No hay calidad moral no sólo para criticar, para denostar sino siquiera para pedirle a los mexicanos su voto.

El asco como base electoral, el hastío como premisa de campaña, pero eso sí, todos muy dignos, todos enfurecidos por la ofensa, porque el ciudadano no entiende, porque al ciudadano no le gustan. ¿Y ellos serán autoridad?