Acabaron las campañas, pero algunos actores políticos actúan como si aún estuvieran en ellas.

La grandeza de quienes ganaron no se refleja en su actitud. Dicen una cosa y terminan por desdecirse. López Obrador dijo que recibía un país sin crisis económica ni política y luego salió con la genialidad de que estaba quebrado sólo porque los números no le dan para sus ofertas políticas populistas.

En Campeche, Eliseo Fernández le espeta en el rostro a Edgar Hernández, quien le entregó el mando municipal, que él fue la gota que derramó el vaso. No hubo una sola palabra de gentileza política en los dichos del nuevo edil.

Vivimos los tiempos de la exasperación. La novedad y la libertad que tenemos hoy, por fortuna, en las redes sociales hace que mucha gente vierta en ellas sus frustraciones, disgustos, prejuicios y hasta rencores.

Leemos en ellas a gente que sólo sabe insultar, que cada palabra y frase que redacta no tiene un solo gesto de cordialidad ni para él, que vemos no se respeta al exhibirse como lo hace, ni para el que lee su publicación porque está plagada de palabrotas, de ofensas, racismo y hasta intolerancia.

El silencio del tiempo roto por la estridencia de las redes. Bien, la evolución no debe parar precisamente porque el cambio es lo único constante.

Cerdo, pinto, ratero, ladrón, son los adjetivos menos vulgares y ofensivos que leemos. Facebook es la red que más visitan los campechanos y también es donde más interactúan.

Por desgracia, hay muros donde lo único que se agrega a la publicación, meme, vídeo o fotografía es un insulto, una mentada de madre, nada más.

Es verdad que las redes son una gloria de libertad y que siempre será mejor el libertinaje que la censura, pero todos los excesos tienen un precio y un costo que pagamos tarde o temprano.
Quizá sólo sea un rechazo, un reporte o un bloqueo de las publicaciones, pero he leído a quienes se retan a golpes, a discutir sus argumentos empezando por la descalificación y la ofensa.

No digo que importe mucho lo que piensen de uno. Uno no es el responsable, pero creo que vale la pena no dar elementos para que nos juzguen con prejuicio aunque esto tampoco importa porque mucha gente lo hace aún sin conocerte.

Me preocupa que quienes hoy llegan a ser autoridad electa democráticamente crean que exhibirse como intolerantes o justicieros pueda ser su camino. La realidad es que asumir esa actitud rinde siempre el aplauso fácil, la felicitación melosa de quienes se sienten agredidos por un gobierno o una autoridad que, según ellos, no les cumplió.

Soy amigos de varios ex alcaldes y ex gobernadores, conocido de otros y hasta he recibido órdenes de aprehensión y agresiones por escribir las evidencias que he tenido de sus conductas.
Como llegó Carlos Rosado Ruelas, hoy Eliseo Fernández es el favorecido por el voto ciudadano y le deseo que su gestión sea extraordinaria, que él no sea una gota más en ese vaso que –dijo- se derramó con Edgar Hernández. Empero, sólo el tiempo lo dirá.

Hay mucho que aprender del pasado y la gestión de Ruelas vaya que enseñó que no sólo hace falta buena voluntad para ser un buen alcalde, que las tentaciones de ser chapulín pueden más que las promesas de campaña y por eso creo que la exigencia natural es que terminen lo que empezaron para poder rendir cuentas: así recibí y así lo estoy dejando.

Rosado Ruelas no tenía pleito ni con Fernando Ortega ni con quien lo antecedió en el cargo Oznerol Pacheco, pero sabía que su gestión dependía –en buena medida- de su relación con el gobernador y por ello mantuvo una relación institucional no exenta de jaloneos, pero nunca vio al interior del PAN cuyos liderazgos empezaron a considerarlo un peligro, sobre todo por su popularidad y su buen trabajo los días que fue alcalde.

Ruelas se equivocó al irse antes de acabar su gestión y desde el PAN, su suplente aliada con sus dirigentes, no sólo dejaron destruir la ciudad sino que exhibieron al alcalde con diferentes audios que, dicen, filtró el hoy alcalde.

La popularidad es la criptonita de muchos políticos mientras que la mesura debiera ser su norma de conducta. Esto apenas empieza.