A Margarita Menéndez Molina, que en su partida siguió siendo ejemplo.
En México nos debatimos este 2018 entre un cambio real y un cambio ficticio. Lo que dijera Tancredi a Fabrizio, en Il Gattopardo, pareciera materializarse hoy: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Para ello el sistema político se debate ante la incredulidad de los ciudadanos y el desprestigio de los partidos y hasta de los “ciudadanos independientes” que hoy se disputan la presidencia de la República.

El escándalo de Javier Corral pareciera ser sólo un atizbo de cómo se alian los políticos para repartirse el botín. Corral denuncia que no le dan un dinero que no está presupuestado, que se acuerda en lo oscurito y que sólo supimos de él precisamente por no entregárselo al gobernador panista. Es por las denuncias a Duarte, denuncia, pero no explica el origen de ese dinero que pelea.

Ni un gobernador panista, priista o perredista ha dado cuenta de que esa práctica exista, de hecho ni uno sólo de ellos ha apoyado a Corral que detuvo a un operador de Bletrones por recibir del gobernador priista de Chihuahua, Javier Duarte, dinero de esos fondos para financiar la campaña del PRI en esa entidad.

El tema ha sido manejado con un enorme desaseo. Ha exhibido a todos, pero sobre todo ha puesto sobre la mesa que los gobernadores, emanados del partido que fuera, están dispuestos a pactar en lo oscurito, de espaldas al ciudadano al que no le dan cuentas. ¿Cuántos de esos recursos llegan a obras y cuánto a las cuentas privadas de los partidos o de esos gobernadores?

Un ejemplo puede serlo Juan Melquiades Vergara Fernández, ex titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación de Quintana Roo, originario de Huachinango, Puebla, municipio del que como priísta pretendió ser alcalde y que el fin de semana fue aprehendido por policías federales.

El puesto que tuvo en sus manos el también empresario es uno de los que mayores repercusiones tienen en la vida de los gobernados y tiene que ver directamente también con sus relaciones políticas: trabajó para los gobiernos del panista y ex priista Rafael Moreno Valle, en Puebla; del priista Javier Duarte, en Veracruz; del Verde Manuel Velasco Coello, en Chiapas; del priista Rolando Zapata Bello, en Yucatán; del priista Roberto Borge Angulo, en Quintana Roo; y del priista Fernando Toranzo, en San Luis Potosí.

También podría interesarte  El Nuevo Orden
Sus “favores” también incluían entregar facturas y evadir impuestos para los hoteleros y empresarios turísticos de Quintana Roo: el cobraba los impuestos por el Estado y él entregaba los medios financeros para evadirlos, un negocio redondo al que se le agrega el poder político de un gobierno.

Su vinculación tiene que ver con su sociedad con Joaquín Hendricks Díaz, a la postre gobernador de Quintana Roo.

Hoy, Juan Vergara está detenido cuando el PRD lo postulaba para ser diputado federal como parte de ese Frente que integran con el PAN y Movimiento Ciudadano.

También hoy, en un artículo imperdible publicado en Reforma, Jesús Silva Herzog nos da una explicación detallada de lo que otro personaje de la vida pública y política intenta reinventar: abre las puertas a todos, sin importar prestigio, sin importar que haya cometido delitos, que sean corruptos, que sean carne de presidio, por el simle hecho de reconocerlo como el ganador de facto de una elección para la que faltan cinco meses. No importa que hayan sido priistas, panistas, perredistas, verdes o pesistas: todos caben, todos tienen que pasar la aduana de reconocer al mesías que intenta, con ellos, regresar al PRI y refundar al partido desde la visión de Luis Echeverría, de López Portillo.

Sin embargo, la gente no lee, no se informa. Cree a pie juntillas que las promesas del embajador tabasqueño son no sólo excelentes sino que prácticamente son realidad. El desastre financiero no merece escrutinio, no merece análisis y menos vislumbrar factibilidad. Lo que importa es estar bien y para ello sólo con “ya sabes quien”.

México no da para más, pero el problema es por quien votar: por más de lo mismo o un salto al pasado, pero esa decisión no importa. Los que saben no pueden dejar de preguntarse ¿cuál es la diferencia?

En nombre de la honradez y las buenas costumbres se han construido los peores esquemas políticos y de gobierno. No vale votar para luego negarlo si todo sale mal.

No sé quien ganará las elecciones, pero sé que los hipócritas necesariamente nos volverán a engañar, aunque se digan diferentes, distintos, una esperanza para todos.