¡Vaya error que cometimos todos los que vimos a Ciudad del Carmen como una decisión definitiva y decidida desde hace semanas! Nos equivocamos todos. Los que decían –dicen- fraude no pareciera que estén atendiendo la realidad: la isla está dividida y Campeche, contra lo que decían unos y otros, dejó de ser bastión del PRI, pero tampoco lo es ya de ningún partido.

La nueva conformación del Congreso nos deja claro que está partido a la mitad y lo mismo ha pasado en los ayuntamientos. Ninguna victoria es para siempre y ni una derrota es eterna.

Al cierre de esta columna la decisión final se encontraba en conteo y en la Isla no había declaración final oficial. Sin embargo, el resultado pareciera claro si nos atenemos a los resultados hechos públicos: PRI/PVEM/Panal, Oscar Rosas 31,263 votos; PAN/MC, Pablo Gutiérrez 30,947 votos; Morena, Ramón Ochoa 29,655 votos. Las diferencias son mínimas pero deberían bastar para saber quién ganó.

El fraude, ese que siempre se alega, no se realizó en las casillas, no lo hicieron los carmelitas que tuvieron a su cargo vigilar la jornada; no lo hicieron los funcionarios que eran responsables de ellas.

El fraude, cuando existe, se arma en la campaña, hoy lo realizan todos los partidos políticos porque entregan despensas, acarrean votantes, reparten estrategias entre sus seguidores y se imponen número de votantes que son asignados a cada representante de partido.

Es verdad que quienes detentan el gobierno tienen más recursos para manipular el voto, pero hoy Campeche es gobernado por el PRI pero también hay ayuntamiento del PAN en Carmen. Lo que la experiencia me dice es que cuando la gente sale a votar de la manera cómo lo han hecho los ciudadanos, no hay manipulación electoral que valga y si no vean lo que ha sucedido en todo el país y hasta en Puebla, donde Morena se quejaba de un fraude para favorecer a la candidata del PAN.

La Perla del Golfo se ha caracterizado por ser un municipio muy independiente, separatista, dirían algunos, pero esa aspiración por vivir mejor la han tenido los carmelos desde tiempos inmemoriables. El disgusto con Campeche también es algo latente: muchos se sienten yucatecos –ahí iban sus padres a la hora del parto- o tabasqueños, por la cercanía.

Esta vez la historia pareciera diferente. El hartazgo de una población al gobierno panista y el desencanto de otra priista llamó a convertir a la isla en una verdadera división de tres partes donde lo conocido se pretende cambiar y lo que ya se cambió pretende regresar.

El candidato de Morena, Ramón Ochoa, un priista de mala reputación, nunca terminó de agradar a los fundadores de Morena como su candidato a alcalde; el presidente municipal que pretendía reelegirse tampoco ha sido el mejor que ha tenido la isla y el priista Oscar Rosas como senador carga a cuestas la aprobación de la reforma energética y ser indentificado como el candidato del gobernador, pero también con el PRI cuya mayor debacle lo convirtió en tercer lugar en casi todo el país.

Lo que realmente molesta es que haya ese argumento de fraude. Hoy, cuando las elecciones las ganaron quienes tuvieron más votos, todavía surgen algunos que nos detallan y nos explican cómo se hace un fraude en la casilla electoral.

Señores, el principal reclamador de fraude, el único que siempre lo alegó pero nunca lo aprobó hoy constató que esas instituciones que él mandó al diablo si funcionan al extremo que mandó al PRI a la tercera posición y al PAN no le alcanzó para vencerlo. Nadie le regatea a López su triunfo, pero así como él es claro ejemplo de que las elecciones se pueden ganar o perder hasta por un punto, también lo es que necesitamos confiar en los órganos electorales, sobre todo porque los integramos todos, gente que le da al país y a la democracia un día o varios de su vida.

¿Quién ganará en Carmen? No lo sé, pero el tema no es de un candidato, el tema es de una sociedad que crece y entiende, que cuando sale a votar en tropel no hay fraude que valga. Esperemos con serenidad, con paciencia a que el órgano electoral valide el triunfo y respetémoslo o no, acudamos a las instancias legales, denunciemos las anomalías, pero no nos faltemos el respeto antes de tiempo. Las elecciones las hacemos todos y sólo duran unas horas.