Cada año, invariablemente, el carnaval despierta pasiones, enojos, ilusiones pero, lo que es constante es la división entre los que dicen que es un derroche mientras la ciudad se cae en pedazos y los que claman por mejores eventos. Lo que sucedió este fin de semana es muestra de ambos lados de la moneda, en un evento, la multitud tira la reja y entra sin control para ver a un artista; al día siguiente, una de las comparsas y coronaciones que siempre dan un espectáculo de calidad, está extraña y dolorosamente vacía por la simple razón de que no hay un artista de renombre.
No soy un especialista en estos temas, así que mi opinión acerca de los temas del carnaval tiene el valor de uno de los papelitos metálicos que saldrán volando y caerán en el mar contaminando nuestra bahía.

No obstante, mientras los revendedores ya tienen boletos cotizados en la absurda e increíble cantidad de $3,000.- para ver a un cantante de reguetón, aquellos bailarines, amigos, parientes y agregados culturales de nuestras reinas, gastan y gastan, ensayan y ensayan para dar un show que probablemente termine en boca de críticos que, en ocasiones olvidan que no están hablando de profesionales sino de gente común que participa porque la reina o el rey son amigos suyos.

¿De que se trata el carnaval? Soy sincero, yo no lo sé, no suelo asistir a los eventos, no porque no me gusten los bailes, sino porque no me gusta que decenas de personas den su máximo esfuerzo arriba de un escenario y los espectadores estén esperando que termine para ver al artista. No me gustan las multitudes que, por la razón que sea, terminan divididas en estratos sociales o nivel de influencia. Quizá olvidamos la esencia de nuestro carnaval por el afán de hacerlo grande. Antes eran bailes en los barrios tradicionales, la gente se disfrazaba por gusto, se armaban batallas campales con agua y pintura por toda la ciudad y la guardada de lugares y los ensayos eran de lo más divertidos. Antes era una fiesta en la que todos jugaban un juego llamado carnaval.

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Quizá, solo quizá, deberíamos replantearnos lo que se ha hecho y analizar lo que se ha perdido pero, lo que me queda claro, es que en el carnaval nunca estaremos todos de acuerdo. En mi opinión (que ni es de experto, ni de alguien que se apasione por ello) deberíamos de marcar unas medidas específicas de los carros alegóricos y regresar a un derrotero por el Centro Histórico mientras decenas de grupos locales y restaurantes ponían sus servicios a las personas que ahí se encuentran. Quizá sería mejor regresar a las visitas de las reinas a los diversos lugares donde bailaban antes. Mentiría si dijera que es la solución, no puedo saberla pero, sí sé, que hay personas que no sólo se apasionan con él carnavales sino que son verdaderos expertos, que conocen el antes y al ahora, que han comparado unos y otros y que en su opinión se refleja lo bueno y lo malo y pienso, que ellos, en su conocimiento profundo, deberían ser los encargado de la generación de un plan a seguir, un mapa de ruta para poder transitar hacia el mejor carnaval que podemos tener, entretenido, sustentable, ordenado, alegre, de la gente para la gente pero, sobre todo, al igual que todos los carnavales exitosos del mundo… Único.

Como todo, la participación de la sociedad es la única manera real de mejorar lo que es de ella y para ella. Mientras tanto, disfruten responsablemente lo que tenemos y cuiden la casa pues, la ciudad… Es nuestro hogar.