El fin de semana un video ocurrido en la Calle 59 se volvió viral. En dicho video, una mujer policía jalonea a una indígena chiapaneca mientras otro oficial somete a otra, mientras la gente grita que las suelten; personas se acercan e intervienen para que no sigan tratando así a las vendedoras “chapitas”, y los policías, después de sentir la presión optan por no enfrentar y las dejan ir.

Si solo vemos el video, nos provoca un dolor de estómago de coraje, nos indigna (aunque la palabra de un tiempo para acá, de tanto usarse haya perdido un poco su fuerza) y las personas que lo vemos tenemos dentro de nuestro sistema otras cuestiones pendientes, la situación de robos a casa habitación un día sí y el otro también, infracciones a diestra y siniestra por placas, polarizados, líneas amarillas y un sin fin de otras cosas que aunque no están permitidas en el reglamento, pareciera que son a las que se les da prioridad por encima de otras verdaderamente preocupantes.

En redes sociales se desataron dimes y diretes, unos opinamos moderadamente sin conocer a fondo el asunto, otros basados solo en el video fueron mucho más severos y otros más, los menos, hablaron de un punto que es mucho más preocupante que lo que observamos en las imágenes… La trata de personas, la explotación laboral de menores de edad y personas en vulnerabilidad, redes de corrupción y privación ilegal de la libertad.

Si bien los policías estaban cumpliendo con su trabajo, la forma en que lo realizaron desató la ira de los presentes y, cosa extraña en estos días en los que nadie se involucra si no es asunto suyo, en este caso brincaron en defensa de las indígenas. El secretario de Seguridad Pública puso un mensaje en redes explicando el contexto y la razón del desalojo, pero aunque clara, nada pudo hacer para calmar la ola de coraje desatada por lo visto en un video que se subía y se bajaba sin razón aparente, provocando aún mayor suspicacia.

El hecho de que hoy escriba esto no es para justificar o para atacar el actuar de los policías. Eso se determinará (espero) en asuntos internos de la Policía, en la Comisión de Derechos Humanos, en el Congreso y en Desarrollo Social y Asuntos Indígenas. Escribo esto, pues en redes surgieron nombres de quienes pueden tener una red de trata de personas donde se traen a chiapanecas y guatemaltecas a vender sus productos y las hacinan en cuartuchos y quién sabe si la venta de esos productos sean para ellas o para alguien más. Es cierto que el ambulantaje está prohibido, no estoy seguro si afecte la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad pues he estado en otras ciudades igualmente consideradas y hay personas vendiéndole a los turistas en las calles; es cierto que el ambulante no paga impuestos y es competencia desleal a los comerciantes que sí lo hacen además de (según ciertos comentarios) molestar con la insistencia a los comensales. Pero, ninguno de estas situaciones son tan graves como la trata, la esclavitud moderna, la privación de las garantías y el abuso.

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Efectivamente la policía debe tener muy presente que no se puede exceder en el uso de la fuerza, también debemos estar nosotros los ciudadanos, muy conscientes de cumplir y hacer cumplir la ley y eso también va para cuando vemos que la autoridad se excede. Pero en este caso en particular, incluso si no hay denuncia formal, ciertos nombres y lugares aparecieron en las redes y las autoridades pertinentes (no solo la FgeCam y la SspCam) deben investigar si existe trata, explotación laboral de menores de edad, privación ilegal de su libertad y demás posibles delitos. Y nosotros, ciudadanos, así como brincamos en defensa de aquellos que no podían defenderse de un exceso, así debemos de brincar para estar pendientes y brindar información que pueda aclarar esto pues no importa si son chiapanecas, guatemaltecas, hombres, niños o mujeres, no importa si son indígenas o “güeritos”, no importa si son ricos, pobres, de una religión o sin ella… Son seres humanos y permitir que uno de nosotros esté en una situación en que no se les considera como tales, saberlo y no hacer nada, es equivalente a ser cómplices en esta desgracia.

Trato siempre de proponer… Hoy, no hay propuesta… Hoy confío en que nosotros como sociedad (incluyendo a la autoridad) busquemos ser mejores por la simple y sencilla razón de que todos somos únicos, irrepetibles, valiosos; confío en que siempre podemos hacer más por los demás; confío en que actuemos ante las injusticias y busquemos siempre la verdad y… confío aún… en la bondad inherente en la humanidad.