En Morena cabe la confusión: ¿por quién votar si a todos los afilian sin reparo?

En este espacio y en los que me permiten exponer mis ideas siempre he expresado que las incongruencias han sido las características más comunes y repetidas en nuestra clase política.

Me explico. Al PRI se le censura porque tuvo años en los que la decisión personal del presidente, del gobernador se a acataba hasta la ignominia: nadie censuró a López Portillo cuando designó a su hijo José Ramón como subsecretario de Programación y Presupuesto.

Nadie se le puso enfrente cuando su hija Paulina se convirtió en cantante. Programas y entrevistas a la nueva cantante cuya producción fue a costas del erario y la distribución de su disco no sólo se dio en todas las tiendas de discos sino que Conasupo, la cadena de supermercados de productos básicos, se encargó de la promoción del L.P.

Su hermana, Margarita también era funcionaria: directora de Radio, Televisión y Cinematografía y directora de Canal 13. Ella era prácticamente la vice-presidenta y su influencia era absoluta.

Quizá la decisión más trascedente fue el nombramiento de Arturo Durazo Moreno a quien, por decreto, convirtió en General de cinco estrellas, las que sólo logran los militares de carrera.

Durazo, amigo de la infancia, era conocido por sus vínculos con el narco. Ya como jefe policiaco no sólo apadrinó a un grupo de asaltantes de bancos a los que les daba protección sino que también mantenía el control del narcotráfico.

Durazo mató a los asaltantes cuando se negaron a darle su parte, en su casa asesinaron a la mamá de Luis Miguel durante una “fiesta” con narcos –el hermano menor de Luis Miguel es hijo de “El Negro”- y los excesos de esa amistad presidencial ya han sido narrados hasta el hartazgo.

López Portillo ejemplifica lo peor para Campeche: expropió la flota camaronera, privilegió al cooperativismo y condenó a la entidad a depender del petróleo, que usó para sortear la peor crisis económica heredada de Luis Echeverría y que él heredaría a Miguel de la Madrid.

Muchos de los que votarán hoy no conocieron ese México. No tienen referencia de lo que era que amanecieran muertos los que se atrevían a pensar distinto, tampoco que el gobernador en turno mandara a buscar a tu esposa para abusar de ella, para someter a los adversarios.

Hoy, cuando lo que vemos es un odio y un deseo de venganza, se entiende que el hartazgo social es justificado, es natural ante el desánimo popular pero también ante la falta de calidad moral de quienes nos gobiernan.

La realidad es que no vale cambiar para que todo eso regrese, para que todo eso no se vaya definitivamente del país.
En los comicios del próximo julio habrá una decisión que tomar y no pareciera que haya candidato que merezca el voto.

Andrés Manuel López Obrador representa el regreso de ese México de privilegios: sus hijos en el partido, dirigiendo a las masas; su mujer en el activismo y en las canciones; sus hermanos en los negocios y en el tráfico de influencias, y sus colaboradores más cercanos pactando con lo más retorcido de un país que necesita crecer.

No puedo decirle a ud por quien votar. Me atrevo a informarle que no lo haré por López Obrador porque no deseo que otro Sansores Pérez se erija en Campeche como lo hizo El Negro; no quiero que haya fraude patriótico como el que cometió Manuel Bartlett o despojo a trabajadores como sucedía con la CTM y demás sindicalismo charro como el magisterial o el petrolero.

No necesitamos otros Napoleones, o más Elba Esther y menos a Romero Deschamps o un líder ferrocarrilero defraudador.
No debemos cambiar para ser peor. Sé que es una elección complicada, que las opciones están más que restringidas, que los candidatos quizá no haya uno que valga la pena para alguno de nosotros, pero la realidad es que si no deseamos que el tricolor más viejo regrese al poder presidencial, evitemos que lo haga y exijámosle al nuevo gobierno resultados reales, pero no me diga que es el turno de otros para robarnos que vaya que hemos sido saqueados.

El chiste es dejar de ser perro, no cambiemos sólo la correa.