La elección pasó, bueno, casi, la situación en Carmen aún no se resuelve y aún tendremos que esperar un poco para saber el nombre del alcalde, aún faltan las impugnaciones que probablemente se centren en los distritos V y VII y estas impugnaciones son quizá lo más relevante del momento, pues dejando de lado las opiniones que se tengan de los contendientes, estos distritos, en caso de revertir el resultado, modificarían la conformación del Congreso y por consiguiente la designación del Presidente de la Junta de Gobierno y Administración.

Mientras esa moneda está en el aire, los ajustes y acomodos dentro de los partidos políticos empiezan a sonar y en este caso, no hay unidad que valga, aquí habrán golpes, patadas y puñaladas tras el telón, mientras le entregan su mejor sonrisa a los espectadores.

Algunos buscan situaciones externas para justificar, otros, se señalan entre sí, algunos más, buscan culpables donde se dejen o inventan teorías de conspiración, e incluso, los vencedores de la contienda empiezan a andar en círculos enseñando la dentadura. Nada nuevo bajo el sol.

Mientras tanto, tú y yo, ciudadanos sin partido, estamos parados ante una situación inédita, estamos frente a la posibilidad de incidir directamente en nuestras decisiones políticas en algo más que el voto y eso, se debe a que con la nueva conformación de fuerzas quedó demostrado que las reglas con que se jugaba el juego llamado política ya no son las mismas, que ahora las redes sociales tienen peso y en ellas, cualquiera puede opinar pero, debemos hacerlo de manera responsable pues en caso contrario nos pasaría lo que a “Pedro y el lobo”. En estos momentos, la inmensa mayoría de la población cuenta con un teléfono con cámara y donde puede, de manera inmediata subir a redes, nuestros representantes vivirán bajo el “ojo que todo lo ve”, es decir, deberán cuidar sus formas, evitar los excesos y rendir fruto a las altas expectativas y eso, quizá después de 28 días que estén así se les convierta en hábito.

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En momentos de cambio, se pueden realizar ajustes, ya sea a la transparencia, a la rendición de cuentas, a la obligatoriedad de hacer públicas sus declaraciones de impuestos y a los sueldos que percibirán, en fin, dejar todo a la luz para lograr lo que se convirtió en un grito anhelante “acabar con la corrupción” pero, para lograrlo dependerá más de nosotros ciudadanos de a pie, que de nuestros nuevos servidores y aunque siempre debió ser así, estábamos dentro de una inercia que al menos, por el momento, parece haberse detenido un poco y quizá, si nos apuramos, podamos cambiar el rumbo.

Algunos militantes de partidos políticos deberán hacer una autocrítica y aceptar como un regalo, esta dosis de humildad pues, el hecho de no resultar favorecidos tiene que ver con el olvido del compromiso social, deben de hacerlo individual aunque no sea su persona la causa por la que no fueron votados pero, al pertenecer a una agrupación política, como en cualquier otro grupo de seres humanos, se debe compartir el éxito y el fracaso además de trabajar de manera colaborativa para cumplir con su función que, en este caso, es tener el privilegio de servir a su país y a su sociedad.

No es una cuestión de alegrarse o lamentarse, es una cuestión de mejorar para bien el enorme honor que es trabajar para la mejora de todos y cada uno de nosotros. La política no debe ser una cuestión electoral o de cargos públicos, debe de transformarse en la construcción de acuerdos diarios para servir a la mejora de la sociedad.

La construcción puede estar dirigida por unos cuantos, pero debe ser hecha por cada uno de nosotros, una en la que podamos decir orgullosos, yo ayudé a crear, a mejorar… a servir.