“La diferencia entre la muerte y los impuestos es que la muerte no empeora cada vez que el congreso se reúne”.

Will Rogers, humorista (1879-1935).

Si en alguna ocasión llegas a formar parte de una reunión, donde durante la charla empiece alguna controversia que eleve el calor de los ánimos de los participantes, puedes tener por seguro que si hablas de impuestos harás que todos estén de acuerdo, ya que a nadie le gusta pagarlos.

Pero, ¿de dónde nace la obligación de pagar impuestos?

Para no irme tan lejos en la historia, me referiré mejor al marco legal local. Y es en nuestra Constitución, en la fracción IV del artículo 31 dónde se menciona que:

Son obligaciones de los mexicanos:

  1.     Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como del Distrito Federal* o del Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes. (*a partir del 21 de Enero de 2016, Ciudad de México).

Una vez establecido el marco legal, se aclara que no será tema de esta columna el escabroso tema de la “distribución de los impuestos recaudados”. Lo que sí creo prudente es decir que, así como existe una obligación de pagar impuesto, también existe un beneficio para aquellos que pagan particularmente el Impuesto para la Renta. Este beneficio son las deducciones de impuestos.

Las deducciones personales son gastos que como contribuyentes (empleados o personas físicas con actividad empresarial) ejercemos, y que la ley nos permite aplicar a la totalidad de nuestros impuestos generados durante un año. Así al aplicar estas deducciones, la base sobre la cual se calculará el impuesto que se debió pagar se reduce, y por lo tanto el monto de impuestos a pagar ¡también!

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Como los impuestos los vas pagando mes a mes (ya seas tú de manera directa o tu patrón por tu cuenta), es hasta abril del siguiente año que en la declaración anual de impuestos tienes la oportunidad de decirle a nuestra siempre vigilante Secretaría de Hacienda (SHCP), a través de su brazo recaudador, el Sistema de Administración Tributaria (SAT), que gracias a esta deducción te tocaba pagar menos impuesto y que por lo tanto te tiene que hacer una devolución de impuestos.

Es decir, en abril de cada año tienes la gran oportunidad de pedir y recibir un dinero que pagaste demás al fisco.

Tanto la SHCP como el SAT o un contador bien informado te pueden decir qué puedes y qué no puedes deducir cada año y hasta qué tope lo puedes hacer. Por lo cual te sugiero te informes, te prevengas y, lo más importante, empieces a pedir facturas de esos gastos… digo, si es que quieres deducir.

Una vez más la obligación ciudadana de contribuir está en la ley, así como los beneficios para minimizar esta obligación. Tú como contribuyente mejor cumple, y evita que Lolita la del SAT se convierta en Dolores… de cabeza para ti, y tu economía.

Si tienes dudas o comentarios, por favor házmelos llegar a mi correo, que con gusto las responderé. Y claro, si te sirvió esta información, por favor compártela.

¡Ah!… y recuerda, la lana viene y va, pero porque tú la dejas escapar.

¡Hasta la siguiente colaboración!