En este espacio les comenté que el ex secretario de Salud, Alfonso Cobos Toledo, recibió una secretaría por la que no quería firmar la entrega-recepción. Dicen que se dio cuenta de que los problemas financieros eran de tal tamaño que sabía que el destino lo alcanzaría.

El destino lo ha alcanzado y lo que pensó pasaría está sucediendo. En Salud, el saqueo de Enrique Iván González y del administrador Miguel Duarte tenían detrás una figura omnipotente en el palacio de Gobierno que no sólo cobijó los desvío sino que participó de ellos. Su ventaja era enorme: no firmaba nada aunque sí pedía y exigía.

Esa protección llevó a Duarte a vivir en el exceso, a darse una vida que no le correspondía salarialmente y a pensar que su futuro estaba resuelto por segunda vez –la primera fue en Secud.

Las cosas no fueron como se esperaban, al menos para ellos. Los comentarios de lo que sucedía en Salud, desde el sexenio de Jorge Carlos Hurtado, no eran secreto. El vandalismo económico se fortaleció porque el mal ejemplo era claro: nada pasó a pesar de que desapareció el dinero para el edificio de la dependencia y el sindicato, a pesar del daño, siempre se quedó callado.

Saber quiénes cometieron el desfalco es muy sencillo porque ellos eran los responsables, pero saber quién les pidió, cuánto y cuántas veces, ese es el tema.

Siempre, en este espacio, se ha comentado que la responsabilidad legal de un gobierno es del gobernador porque sus funcionarios recibieron de él la encomienda. Si le fallan al gobernador, éste le falla a la gente que lo eligió. Así de simple.

Lo que sucedió en Salud no se restringe a los años de Cobos, los hechos conocidos durante la gestión de Enrique Iván tienen un peso específico porque durante el tiempo que fue el titular no sólo armó su estructura política para contender por la alcaldía de Ciudad del Carmen sino que, al ocuparse de ello, dejó prácticamente en manos de Duarte Reyes la operación de esa oficina.

Duarte, por su parte, recibía y atendía las órdenes directas de su compadre, quien lo colocó en el cargo exactamente para lo que ahora vemos que sucedió.

Proceder contra quienes abusaron de sus cargos no sólo es necesario sino indispensable para el nuevo gobierno. Eso le genera una visión de solidez ante la población que ve que en ese ejemplo la certeza de que se combatirá en serio el flagelo.

También podría interesarte  Del imperio Ruso a Campeche

Otro de los puntos importantes es que los funcionarios del actual gobierno no están en sus cargos haciendo política en espera de dejar su ocupación para saltar a una candidatura. Esa expectativa provoca descuido, desvíos y desatención de la labor que, muchas veces, deriva en autopromoción con cargo al erario.

La política, dice el librito, la hace el gobernador y sus secretarios se dedican a trabajar para darle resultados a quien les dio la confianza y el cargo.

Es cierto que la protección de datos personales sobre quienes han sido inhabilitados es un derecho, pero también lo es de los ciudadanos que le pagamos al funcionario y traicionó la confianza.

De la Secretaría de Salud se habla que salieron Mercedes, Audi y viajes múltiples durante el año, lo mismo a Nueva York que Alemania, pero eran viajes de paseo y de la familia cubiertos con recursos públicos.

Al final, Cobos está pagando su error de haber aceptado una secretaría como la recibió, el error de haber aceptado que no podía mover al administrador y a varios de sus colaboradores, pero quizá el peor error fue no hacer público cómo recibía esa oficina y aunque es entendible que haya obedecido la instrucción de silencio que seguro le exigieron, muchos no se dan cuenta que su prestigio va de por medio.

Lo mismo sucedió en la Administración Portuaria Integral desde donde no sólo se financiaron campañas políticas sino caprichos y negocios familiares. Las transferencias directas de cientos de miles de pesos a las cuentas propias de los directivos era no sólo común sino sabido por todos: empresas sólo para facturar y comisiones para la ejecución de obra.

Lo que sigue es ver gente en la cárcel, sujeta a proceso y no sólo a inhabilitación sin que se les fuerce a que devuelvan lo robado.

La medicina es muy cómoda: Enrique Iván hasta a alcalde llegó a ser a pesar de esa condición y vaya que quedó claro que su enriquecimiento personal superó las expectativas de los propios carmelitas que, hoy, hay que decirlo, no saben si saltaron de la sartén al fuego ante los conflictos políticos de la Comuna panista.

Cosas veredes, Sáncho, decía Cervantes y vaya que temas aún quedan por comentar.