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La estridencia de lo que sucede en la capital del país para la integración del Frente Amplio Opositor modificaría no sólo la correlación de las fuerzas políticas en las próximas elecciones sino que también definiría a los actores políticos a participar en los comicios presidenciales.

Es claro que de quien sea el candidato presidencial de cada partido dependerán los actores políticos locales que también se sumarían en la búsqueda de las gubernaturas, alcaldías, diputaciones locales, federales y los senadores de la República.

En Campeche los actores políticos saben que su participación dependerá no sólo de las negociaciones del gobernador Alejandro Moreno con el candidato presidencial sino también con su partido y de la habilidad que tenga el presidente del PRI estatal para aprovechar el trabajo político y las relaciones de cada uno de los aspirantes.

A nivel local las decisiones implican a once municipios –incluidas sus regidurías-, 35 posiciones en el Congreso, además de las dos diputaciones federales y la fórmula para el senado.

Cada posición será fundamental para el futuro político del actual gobierno y el cierre de su gestión tanto en el caso de ganar la presidencia como en el caso de perderla porque de ellos dependerán las negociaciones para la atracción de inversiones, la gestión de partidas adicionales y, por supuesto, el que habrá de sustituir a Alejandro Moreno en los comicios del 21.

El gobierno local cumplirá dos años de su toma de posesión este 15 de septiembre y será en 2018 cuando llegue a la mitad del mandato, unos días antes de la toma de posesión del que será el nuevo presidente de la República, del partido que resulte victorioso en los comicios del cinco de julio.

El futuro del cierre de gestión de Moreno dependerá de su capacidad de gestión y de las relaciones y acuerdos que logre con quien encabezará la nueva presidencia. Si el ganador es un priista, la relación sería cordial, pero si el triunfador es un miembro de la oposición los temas podría complicarse.

Moreno ha construido una relación con varios de los actores políticos de todos los partidos que participarán en los comicios del año próximo, pero no hay garantía de que ellos sean los que participen como candidatos y menos su victoria electoral.

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De las coaliciones sólo se prevén que haya tres: Morena-PT; PAN-PRD-MC y PRI-PVEM-PANAL-PES, pero de éstas sólo una ya tiene candidato sin que haya autoridad que pueda detenerlo: Andrés Manuel López Obrador.

La contienda, que sería de tercios -como lo han sido las últimas tres presidenciales-, no puede dejar de considerar que habría candidatos independientes, pero tampoco puede dejar de verse que la sociedad optara por dos a los que les diera mucha mayor atención.

En este panorama, los ciudadanos siempre usarían un voto útil para definir al que sería su presidente, pero nadie puede preveer que la cantidad de votos les de legitimidad, como no lo hizo con Peña ni con Calderón a pesar de la definición de las autoridades electorales a su favor. Bueno, ni los 3 millones de votos de diferencia con Peña logró persuadir a López Obrador de su argumento del fraude.

En Campeche, una entidad que marcadamente opera como priista, la oposición ha triunfado al menos en dos ocasiones aunque en ellas los reales vencedores les ha faltado argumentación jurídica para revertir esas victorias consideradas ilegítimas.

Las dos últimas elecciones locales el PRI ha superado por mucho a sus opositores, y en la penúltima el ala sansorista de la oposición –hoy en Morena- de plano no presentó candidato, para favorecer al PRI, pero no hay que perder de vista que Morena logró mayoría en Calkiní y colocó no sólo alcalde sino diputados de mayoría y hasta de primera minoría, pero luego los desconoció y los expulsó por no plegarse a las exigencias de su directiva local.

La posibilidad del triufo de la oposición es real, y el de Morena pareciera –aunque no lo es- inevitable como lo hacen ver la mayoría de las encuestas. Con la creación de una coalición opositora que enfrentase al PRI y a Morena los resultados serán, al menos, impredecibles.

La crispación que ha generado la elección presidencial y con una sociedad que cada vez es más exigente y demandante, no sería raro que el próximo año hayan delegados en la entidad que no sólo no sean parte del actual gobierno sino que opositores a él porque esos nombramiento no tendrían nada que ver con que aquí se ganara la elección sino con quien llegue a la presidencia.