Enrique Peña Nieto pensó que la compra de la Casa Blanca al inicio de su gobierno no era ilegal. Que sacar a su esposa a aclarar que era de ella y que era producto de su trabajo en Televisa lo justificaría, pero no sólo fue un error sino el inicio de su desprestigio público después de la gran victoria política que significó el Pacto por México y la validación de sus reformas estructurales por casi todos sus opositores.

Después de eso el “no te preocupes, Rosario” y el “no me despierto pensando como joder a México”, serían lo de menos.

Y Peña no hizo nada que fuera diferente entre los presidentes de este país. A Felipe Calderón cuando se le cuestionó sobre la legitimidad de su triunfo sobre López Obrador en las elecciones de 2006 y le insistían sobre las quejas de su opositor respondió su famoso “haiga sido como haiga sido”, que no sólo lo acompañó en su sexenio sino que hasta ahora se señala como su frase más tristemente célebre.

Antes, Vicente Fox también nos recetó varias frases que han quedado para la posteridad como aquella de que “los mexicanos hacen los trabajos que ni los negros quieren hacer” o la internacional “comes y te vas” que le propusiera a Fidel Castro para que éste no se topara con George Busch en la cumbre que se realizaría en México.

Ernesto Zedillo tampoco se libró de una gracejada cuando era presidente y al salir de un evento en el centro histórico, caminando se topó con una anciana que le ofrecía una artesanía de la virgen de Guadalupe: “no tengo cash”, le dijo en un intento por evitar su insistencia.

Al finalizar su gobierno, Carlos Salinas de Gortari entregó su último informe entre gritos y quejas del PRD que le reclamaban el fraude de 1988 que lo llevó a la presidencia y del que se responsabiliza a Manuel Bartlett –hoy colaborador de Andrés Manuel López Obrador. “Ni los veo ni los oigo”, respondió cuando se le preguntó su opinión ante los reclamos.

Quizá con una honestidad desigual o no estilada en esos años, Miguel de la Madrid declaró que “no dejaré que el país se me deshaga en las manos” en alusión directa a la crisis económica heredada de su antecesor José López Portillo.

Sin embargo, López Portillo también pecó de “honestidad” en sus declaraciones. Quizá la más cínica cuando nombró a su hijo José Ramón subsecretario de Programación y Presupuesto: “Es el orgullo de mi nepotismo”, admitió ufano en esos días antes de que al cerrar su sexenio ofreciera “defender el peso como un perro” ante una enorme devaluación y su posterior aceptación de que “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear” refiriéndose a la fuga de capitales al final de su gestión, quizá la más corrupta en la historia del México moderno.

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El más lacónico de los presidente fue Luis Echeverría, pero igual el más indescifrable: “las relaciones con Estados Unidos ni nos perjudican ni nos benefician, sino todo lo contrario” habría dicho y luego lo repitió en referencia a la inflación que en esos días se disparaba en el país por sus políticas económicas populistas.

Quizá las frases más despreciables sean las que dijo Gustavo Díaz Ordaz a partir de la matanza de Tlatelolco en 1968: “hemos sido tolerantes hasta excesos criticables” y “estoy orgulloso del año de 1968, porque me permitió salvar al país”. Y otra frase memorable fue la que pronunció cuando su enfrentamiento con Luis Echeverría era más que evidente: “a mi me hacían los chistes por feo, no por pendejo”. Durante ese sexenio sería embajador en España al reanudarse relaciones con ese país.

De Adolfo López Mateos quizá la frase más recordada por su carga irónica y ofensiva fue sobre la gesta armada de 1910: “La Revolución Mexicana fue la Revolución perfecta, pues al rico lo hizo pobre, al pobre lo hizo pendejo, al pendejo lo hizo político, y al político lo hizo rico”.

Hoy, cuando procedemos a darle posesión a un nuevo presidente quizá no haya motivo para incluirlo en este relato, pero quizá pase a la historia luego de aceptar que el INE lo nombrara presidente por 30 millones de votos, algo nunca antes logrado por un candidato opositor en el país.

Sin embargo, llama la atención que al órgano que validó su elección, Andrés Manuel le diga que actuó por venganza: “La multa impuesta por INE a Morena por 197 mdp es una vil venganza. No existe ningún acto inmoral con el fideicomiso a damnificados por el sismo. Nosotros no somos corruptos ni cometimos ilegalidad. Por el contrario, buscan enlodar una acción humanitaria. Acudiremos a tribunales”. Y no ha tomado posesión.