La PGR debería ser un órgano no sólo independiente sino también de credibilidad absoluta: es el responsable de representar al pueblo de México cuando alguien violenta sus leyes, sus normas de conducta.

Lo mismo aplica para las procuradurías o fiscalías de las entidades y, como la federal, el titular debe ser una persona intachable, reconocida por la sociedad como un sujeto de plena confianza, honesto, honrado, pero sobre todo independiente.
De la hegemonía del PRI a la transición con el PAN en el año 2000, los gobiernos de la República prefirieron optar por manipular a la PGR, a la autoridad. Como en los tiempos del régimen de partido único, en 2004-05 el gobierno de Vicente Fox vio una oportunidad e intentó sacarle raja política.

Andrés Manuel, como pretende seguir haciéndolo, desobedeció una sentencia judicial y violando un amparo siguió con su proyecto pensando que el juez debía de doblarse ante él y su pretensión.

Fox, como había hecho el PRI, pretendió usar a las autoridades para plantarle una golpiza política a su principal opositor y visible candidato presidencial. Ganó López Obrador por la manera como no tuvo consecuencia su acción y llegó a candidato presidencial; perdió Fox porque no sólo exageró sino que le hizo su precampaña al Peje aunque éste perdió frente a Felipe Calderón.

Pero ni Fox ni Calderón hicieron nada por evitar que ambas cosas se repitieran. No independizaron a la PGR, no le dieron autonomía y hoy, reinstalado en la presidencia, el PRI le repite la dosis a un candidato presidencial indefendible, pero hoy victimizado por la autoridad y el propio gobierno.

El error de la PGR desvió la atención de los hechos: Anaya lavó dinero y se benefició de una compra-venta por la que no sólo no justifica el dinero con que compró sino que se evidencia que su patrimonio personal no era suficiente para realizar la transacción de manera transparente.

El error de la PGR es que se permita que, al excederse en sus atribuciones y abusar de sus funciones, llegue a la presidencia un sujeto que, desde cualquier perspectiva, sería una continuidad en la corrupción y en el desvío de recursos.

Anaya, lo he escrito en este espacio, representa a una persona sin convicciones, capaz de torcer el estatuto del partido con tal de salirse con la suya y pasar sobre quienes se le oponga sin importar si con ello se exhibe como un mal agradecido.

Hoy, la queja de quienes apoyan a Anaya, es la misma que practicaron contra López Obrador, sólo que en esta versión Anaya puede desactivar las investigaciones en su contra: que entregue la documentación que exhibe que todo lo que hizo fue legal y no hubo ilícito y hasta una disculpa merecerá. Al tiempo…

Sin embargo, los que más se exhibe en el caso Anaya es la soledad en que se encuentra ese candidato. Ni uno solo de los gobernadores se ha aventado el tiro de apoyarlo, de darle ese calor político que tanto necesita un candidato presidencial.

Anaya está pagando la traición a los gobernadores, la traición a los militantes y grupos de poder dentro del PAN que le estarían cobrando la factura no sólo de haberse aventado él por la candidatura sino que al hacerlo tuvo que entregar a sus aliados las postulaciones más importantes y en más distritos para lograr su apoyo.

Anaya ganó la candidatura pero perdió el apoyo de los operadores más sólidos del panismo que pueden ser sus gobernadores. La operación del día de los comicios es tan importante como los días previos cuando se concretan los compromisos electorales y se opera con quienes son los responsables de la logística electoral.

En una portada que no tiene desperdicio, el semanario Proceso detalla como Anaya se ha quedado solo en su lucha contra un gobierno que le dio privilegios, que él mismo ayudó y que era considerado como el “joven maravilla” hasta que los traicionó para hacer su voluntad.

Hoy, Ricardo Anaya pareciera que crece en las encuestas pero en realidad todo indica que está solo. Que su capacidad de operación política está reducida a un pequeño grupo que, por supuesto, serían los más privilegiados de ser el ganador de la contienda, cosa que cada vez pareciera más lejana de acuerdo con los apoyos que se le ven al queretano.

PD Las deudas de gratitud nunca se saldan, pero siempre debe uno abornarles, eso habla de uno.