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Para muchas personas la visita del Presidente el día del segundo informe de gobierno no significó lo que sí para el gobernador Alejandro Moreno: un espaldarazo. Les guste o no a los malquerientes del actual gobierno, Moreno ha sabido escalar en la confianza presidencial y ello se refleja en la cantidad de secretarios que visitan la entidad.

Bueno, hasta el tema presidencial más importante a tratar en las mesas previas a la asamblea del PRI se discutió en Campeche y aquí precisamente por la confianza en la capacidad de operación del gobernador Moreno no sólo de Ochoa Reza sino del propio Peña.

El presidente Peña arribó a Campeche la noche del lunes y, aunque no hay información oficial, los temas que trató con el gobernador fueron relativos a la asamblea de su partido y a la certeza de que estaba planchada la mayoría para el apoyo a abrir al tricolor a las candidaturas ciudadanas.

Moreno entregó buenas cuentas y de ahí abonó una deuda más para que en la próxima contienda presidencial se le considere en un papel importantísimo en la estructura de campaña, en la dirigencia del partido o incluso sea el caballo negro de darse las condiciones. Las deudas de honor nunca se saldan, pero siempre hay que abonarle.

Las formas como operan los priistas no tienen que entenderse entre la sociedad. Incluso no deben pedirse peras a un tricolor que sólo sabe de sus propias formas de operar y sus propias maneras de llegar a acuerdos. Ulises Ruiz, aliado con José Murat, su archienemigo, no lograron convencer con eso de que “nunca más candidatos que sorprendan al partido” e Ivonne tampoco logró pasar eso de que se abran a una consulta a los militantes y simpatizantes. Simple, el PRI no tiene un padrón de militantes confiable.

Enrique Quintana lo señala muy bien en su columna de El Financiero: “Poco más de medio siglo después, hay quienes creen que el PRI puede funcionar como un partido de militantes, donde los puestos de dirección y las candidaturas están sujetos a elección”, como lo pretendió Carlos A. Madrazo y hubo de renunciar al fracasar once meses después.

Al gobernador Moreno no se le puede responsabilizar de que haya habido un temporal con lluvias atípicas como lo pretenden sus feroces críticos, pero tampoco les asiste razón cuando dicen que el megadrenaje debía servir para evitarlo.

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Tienen razón cuando dicen que hay sitios que no se inundaban antes, pero la responsabilidad de esas inundaciones la tienen los constructores que cerraron los cauces naturales del agua en aras de fraccionamientos, los pobladores de cerros que exigen calles pavimentadas y los ayuntamientos que se los permitieron, que incluso violaron los reglamentos municipales al regularizar invasiones promovidas para ganar votos.

Los cerros debieron ser zonas residenciales exclusivas para gente que podría pagar la llegada hasta ellos de los servicios, pero en cambio los vividores de la política los entregaron a los más pobres al invadir terrenos de otros, dueños que luego se hacían de la vista gorda para subir la plusvalía.

El resultado de esta semana debe verse como un éxito en la pretensión personal y de proyecto de Alejandro Moreno.

¿Qué tiene que ver su proyecto con los campechanos?, se preguntarán y la respuesta es sencilla: tiene que ver con quienes votaron por él, por quienes han sido los beneficiados de su gobierno y por quienes integran su equipo.

Además, habría una interlocución directa con el candidato del PRI, si es que gana la presidencia, o habría un negociador nato en el Senado o la Cámara de Diputados si lo incluyen entre los que integrarán el Congreso de la Unión.

La mesa del Estatuto establecida en Campeche es un paso importante para que el que resulte candidato le agradezca a Moreno y a Ochoa Reza haberlo facilitado y eso le augura un futuro en primera fila de la política nacional aunque a Peña le deberá la candidatura.

Esta semana, por lo pronto, queda registrada como un éxito para el gobernador de Campeche. Deja claro que es habilidoso para resolver sus encomiendas, queda claro que tiene el apoyo presidencial y de la mayor parte del gabinete y que su futuro inmediato está más allá de Campeche, siga siendo o no titular del Ejecutivo local.

Mientras tanto, sigamos criticándole sus actos, sus decisiones, porque cuando todos aplauden y nadie critica se corre el riesgo de hacerle perder el piso, de refugiarse en sus afectos y no escuchar, de estar ausente cuando en verdad se necesite su presencia.

Lo que no vale es cuando la crítica se convierte en insulto, se vuelve ofensa y llega a la descalificación a priori. Eso sí, en estos tiempos, la intransigencia viste.