Las alarmas ante la proximidad de una tormenta tan preocupante obligaban a la toma de medidas adecuadas para enfrentar sus efectos. Las señales de su cercanía era cada vez más claras. Sus primeros efectos comenzaron a observase en los procesos electorales de los estados de México y de Coahuila, inquietando por sus particulares características a los más avezados expertos conocedores en esos menesteres, quienes ante los incómodos escenarios que comenzaban a perfilarse no acertaban a precisar la magnitud, intensidad y consecuencias de esa tormenta cuya procedencia y rumbo, a pesar de ser monitoreados con la más moderna tecnología, sus lecturas, sin embargo, eran sumamente confusas.
Las decisiones para enfrentar las posibles consecuencias, si bien es cierto se tomaron, lo inusual de su llegada, la no solo presencia de lluvias, truenos y relámpagos, sino además la violencia de huracanados y atemorizantes vientos, sorprendieron y desbordaron todas las previsiones al respecto.

La histórica tormenta que por todo México se dejó sentir el pasado domingo 1 de julio, provocó a su paso una reconformación de actitudes ciudadanas y del mapa político nacional, por sus efectos.

Así fue de avasallante el triunfo de Morena en el proceso electoral, cuando poco más de 30 millones de electores, el 53% de los que ese día acudieron a votar, le manifestaron su apoyo. Mayoría en la Cámara de Senadores, en la de Diputados; 16 estados con Congresos con mayoría absoluta, y por si esto fuera poco, 4 entidades más donde tienen también un control relativo. La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, por lo que puede observarse, tiene sólidos cimientos.

El marcado rechazo a una partidocracia cuyo tradicionalismo le impidió entender el vacío de mucho tiempo de falta de credibilidad, no solo con sus militancias sino con la ciudadanía en general, produjo esa hecatombe que si bien algunos pensaban pudiera suceder, muy pocos imaginaron la devastadora realidad que se observó en las primeras horas de la noche de ese 1 de Julio, cuando los mexicanos decidieron por un cambio en la conducción de sus destinos.

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Un suceso de esa magnitud, que se recuerde, solo en los mejores momentos de aquel PRI ante cuya fortaleza la oposición de aquellos tiempos se veía muy disminuida, y literalmente “barría” a sus adversarios en los procesos electorales. Sus postulados, estructura, operatividad y control casi absoluto del poder político, hacían pensar que su invencibilidad y permanencia eran, casi, para siempre.

Un viejo pero sabio adagio latino señala: “la gloria del mundo es transitoria”. Nada en la naturaleza es eterno. No entender lo anterior provoca siempre amargos despertares.

Esos muchos puentes rotos, esos desoladores vacíos entre los partidos y sus bases, colapsaron el resto de esa escasa credibilidad que hasta antes de las recientes elecciones si bien mandaba señales de alarma, casi nadie imaginó la magnitud de la debacle resultante, y sus consecuencias todavía muy difíciles de precisar.

Tiempo despejado el que ahora se vive, aun cuando todavía en algunas partes se resiente un poco los efectos de la pasada tormenta. Tormenta del siglo, dirían algunos. México no acaba con estos resultados, al contrario, el proceso de reencuentros se espera todavía largo. Los partidos impactados por esa casi hecatombe que cimbrara de raíz sus estructuras, tienen hoy la oportunidad de una revisión a fondo de los porqués del rechazo recibido; de sus, aún, fortalezas y de las debilidades cuya falta de atención oportuna provocaron en gran medida su caída en la preferencia de los votantes.

En la política, señalan quienes en ella son profesionales, ni todo se gana por completo ni tampoco todo se pierde. Tiempo y circunstancias regulan siempre esa muy compleja relación entre quienes aspiran a una posición de elección, y quienes deciden si otorgarla…o no. La transitoriedad en la política es una constante cuya atención, especialmente para quienes en ella participan, no debiera nunca desatenderse.

Para todos este es un tiempo de reflexión y análisis. Lo que en este 2018 viene teniendo lugar es, objetivamente, la expresión soberana de una ciudadanía cuya voz se hizo sufragio mayoritario en las pasadas elecciones.