Mañana se celebra el Día de la Madre, el diez de mayo es una fecha especial para nosotros, es el día en que celebramos a la persona que tuvo/tiene más impacto en nuestras vidas, a la primera que nos brindó un amor incondicional, desinteresado y completo.

Sin embargo, en el consumismo al cual estamos acostumbrados, nos bombardea de anuncios para comprar un regalo a nuestra hermosa madre y aunque se merecen todos los regalos que les hagamos y muchos, muchos, muchos más, habría que recordar que una madre es, antes de eso, una mujer y en nuestro país como en muchos otros (lamentablemente) la mujer tiene el estereotipo de “ama de casa”, “la reina del hogar” y la madre es la que nos sirve sopa o pone paños fríos en la enfermedad, la que nos abraza y consuela, la que sonríe mientras hacemos travesuras y en ese estereotipo siempre está arreglada, en la mesa le sirve a todos para después sentarse a comer, la que huele el aroma a flores de la ropa que acaba de lavar, la que logra que la casa esté impecable… Caray, si la madre es la persona más importante en nuestras vidas (sea la nuestra o la madre de nuestros hijos) encasillarla en un estereotipo es faltarle el respeto de la peor manera, el comprarle enseres de cocina o línea blanca es reafirmar que solo ahí pertenecen… Ustedes disculpen pero ni mi madre, ni las madres de mis sobrinos, ni la madre de mis hijos (y seguro tampoco las de ustedes) tienen una sola faceta, además de ser madres, son mujeres exitosas, profesionales, inteligentes, capaces (más que muchos hombres), además, tienen mucho más desarrollado el sentido de justicia, empatía y tolerancia, así que eso de regalarles una plancha o una licuadora o si se ven espléndidos, una lavadora, refrigerador, estufa o un auto familiar para que vaya por los niños, no es del todo justo a menos que lo acompañen con una nota que diga “Este objeto de regalo es para que yo lo haga y puedas dedicarte a lo que te hace feliz”.

¿Rosas? Se lo merecen, por supuesto, pero no solo el 10 sino todos los días y no solo por ser nuestra madre sino porque además de la infinidad de cosas que realizan, siempre pusieron primero el tiempo que nos dedicaron. ¿Una comida? Por supuesto, pero mínimo una vez por semana y eso para que también descansen los hombres de lavar, cocinar, poner y quitar la mesa (si no lo hacen, es momento de empezar).

El hombre no es menos hombre por ayudar en el hogar y la mujer no es menos mujer por trabajar y contribuir económicamente. Vamos, la igualdad es eso nada más, no rol de género y no obstante, ser madre lleva una responsabilidad mayor por el vínculo que se da en la gestación (sí, vínculo, con otro ser humano no con un grupo de células) en la que la primera voz que se escucha es la de mamá, el ritmo del corazón que calma es el de mamá, la respiración es la de mamá, son las primeras proveedoras de alimento, de aire, de vida y eso crea un lazo que nunca se destruye. Sí, las madres tienen una mayor responsabilidad y lo aceptan, entienden y lo aman pero, que ellas lo aceptan, entiendan y amen, no nos da derecho de cargarles la mano y pedirles que además de la formación, cuidado y educación sean las encargadas de todo lo demás.

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Si queremos salir del profundo abismo donde nos encontramos como nación y cambiar nuestra realidad, debemos empezar por nuestro entorno más inmediato, por nuestro hogar y buscar (para conseguirlo) una igualdad en todo sentido, desde compartir responsabilidades y oportunidades laborales hasta la responsabilidad por las decisiones que se toman de manera consensuada y si quieren seguir con el supuesto machista de que el hombre provee, entonces recuerden que la mujer administra, así que si así lo consideran entre su división de responsabilidades, entreguen todo su sueldo y que ellas se hagan cargo, ahora bien, si en la igualdad, ambos laboran, todo para el mismo cochinito y de ahí comemos todos.

Admiro a las mujeres que son madres y también a los hombres que son padres pues la maternidad/paternidad no es solo cuestión de proveer sino de sentir, de jugar pero no tomarlo a juego, de confianza, admiración y amor pero, no confundiéndolo con amistad (los padres somos eso, no amigos de nuestros hijos), de ser lo más justos posibles y lo más complicado de todo, ser el ejemplo de lo que deseamos para nuestros niños.

Sí, amo a mi madre por serlo, pero también a la profesionista, a la empresaria, al fuerte ético y responsable ser humano que es. Amo a mi esposa primero por ella, luego por mis hijos pero, también por sus entrega en lo que hace en su empresa, en su trabajo, en nuestro hogar (en el cual yo cocino, lavo, plancho… Al igual que ella) y porque en nuestra igualdad de condición, respetamos nuestras diferencias y nos complementamos para mejorar.

Feliz día de la madre… Hoy, mañana… Cada día desde que lo son (sobretodo si aún tienen ese pequeño ser humano que será su mayor alegría dentro de su vientre) hasta el último día de su existencia… Feliz día… Feliz día… Y… Muchas gracias por existir.