Más allá de los resultados de esta elección que ha sido, por mucho, una de las que más división y enfrentamiento han ocasionado en la ciudadanía, se presenta una situación fuera de lo común y son las alianzas partidistas. Partidos políticos que dejaron de lado (completamente de lado) su ideología y se unieron en la búsqueda de cargos, aunque algunos partidos buscan su supervivencia y seguir recibiendo recursos provenientes del ciudadano. “El poder por el poder” dicen por ahí, “llegar a como dé lugar” y es que en su justificación dicen que para poder llevar a cabo el cumplimiento de su ideología, primero es necesario estar sentado en la silla.

Yo soy uno de los que no creen en los partidos políticos, no puedo hacerlo por la sencilla razón que una minoría escoja de entre otra minoría a los que deben ser votados por la mayoría sin mayor argumento que “su militancia” me parece no sólo simplista sino una bofetada a mi deseo de una representación que se asiente en la capacidad de la persona que llevará nuestra voz y la encomienda de mejorar nuestra vida. No, los partidos políticos nos han quedado a deber de manera abrumadora en lo que respecta a ser los puentes de ambos sentidos entre gobernantes y gobernados.

En estas campañas hemos visto a partidos de izquierda y dejar de lado todo principio y buscar solo el fin, no importa que sean diametralmente opuestos en lo que se refiere a la manera de gobernar, eso no importa, dicen que de qué sirve tener claro qué se debe hacer si no se está para hacerlo así que, el pragmatismo se impone a lo que debería definirlos.

No soy fan de los partidos políticos, eso queda más que claro, pero no tengo nada en contra de los militantes; de hecho, me parece perfecto que se pongan la camiseta y se entreguen en cuerpo y alma a sus agrupaciones aunque, si pudiera darles un consejo, háganlo sin ponerlo por arriba de México, es decir, recuerden que la primera obligación que tiene todo aquel que quiera convertirse en un servidor público, debe hacer justamente eso, servir al pueblo y si bien, un partido político es el camino más transitado, no significa que sea el único y ser parte de uno, no significa que los demás estén errados (y eso sin tomar en cuenta que olvidan a la enorme mayoría que no pertenecemos a ninguno).

Quisiera que después de las elecciones de este domingo, tengamos la madurez de aceptar el resultado, sea el que sea, que antepongamos a nuestro país por encima de nuestras filias o fobias partidistas y construyamos un futuro adecuado para la siguiente generación.

Por eso y sin haber estado nunca dentro de un partido político (que por eso, quizá digan que no tengo ni la más mínima idea de lo que hablo) les propongo lo siguiente:
1.- Renuévense. Olvídense de lo que fueron, vean lo que quieren ser y eso significa dejar de ser “clubs privados” para abrirse a una ciudadanía que tiene todo el ánimo de construir un mejor país pero que siempre le han cerrado las opciones en la cara.

2.- Decídanse. O son de derecha, de centro o de izquierda, quizá piensen que la ideología no importa pero, solo sabiendo lo que son, sabrán a donde quieren llegar y más importante aún, como quieren hacerlo.

3.- Escuchen. Pueden tener sus ideas claras pero deben escuchar a los habitantes de este país, quedarse en un círculo tan pequeño (no importa que tan grande sean sus estructuras, siempre serán más pequeñas que los no militantes o simpatizantes) evita ver el amplio panorama de un país que necesita cambiar y mejorarse.

4.- Funcionen. No solo se muevan en campañas, eso es solo la culminación de lo que debería ser un trabajo permanente en el acercamiento al que deben de servir como enlace que no es otro que el pueblo de México.

Quizá es hora de que dejemos de tener tantos partidos políticos y tengamos una definición de lo que son, de lo que quieren y como pretenden conseguirlo. Eso de entrar a un área gris de indefinición ideológica solo porque les es funcional para una elección, solo logra que sean ajenos a la mayoría, eso de permanecer en un área gris de principios éticos, solo nos deja ver que no están haciendo lo que deben. Lo mejor de un fin, son los principios con los que se cuenta y podemos tener opiniones diversas o encontradas pero, no hay área gris cuando hablamos del amor a México.