Raúl Sales Heredia

“Follow the yellow brick road”, Sigue el camino amarillo, es la instrucción que le dan a Dorothy para que vaya a ver al Mago de Oz y le pida regresar a casa… No, no me estoy plagiando la obra de Lyman Frank Baum ni pretendo hablar sobre su “Maravilloso mago de Oz”. Uso este título pues en nuestra ciudad nuestras calles están convirtiéndose en un camino amarillo, mejor dicho, las banquetas están siendo pintadas de amarillo y ya sabemos qué sucede cuando alguien se estaciona frente a ellas, como por arte de magia  (y no es el mago de Oz) aparece una patrulla que con un ademán de su varita “bic” transforma una hoja normal de color rosa “mírame a fuerzas” en una terrorífica multa.

Vamos, no estoy en contra de la aplicación de la ley, es más, me agrada que se les ponga multa a quien no cumple con los lineamientos establecidos y si te estacionaste en línea amarilla, atente a las consecuencias, ve como buen ciudadano a pagar y hasta buena onda son, pues si vas inmediatamente te hacen un descuento del 50%. Lo que sí ya no me gusta es que estas líneas amarillas proliferen sin explicación a la ciudadanía, quizá tengan una utilidad para la fácil circulación, pero al no explicar la razón, te despiertas un día y a un lado de tu calle está pintada de amarilla, y la otra saturada de todos los que ya no pueden estacionarse enfrente y entonces empiezan los pleitos vecinales de “este es mi lugar”, “me tapas la cochera”, “es mi casa”, y los otros pobres que ven el frente de su casa con línea amarilla deben de buscar a dónde partir en una larga travesía de búsqueda de aparcamiento, para después cargar las bolsas del supermercado, al niño, el portafolio, la mochila y caminar bajo un sol raja piedras con una sensación térmica de antesala infernal.

El Centro Histórico es otro punto en que no encontrarás estacionamiento, darás vueltas y más vueltas y una más y optarás por estacionarte lejos y aunque yo soy de la idea de que caminar no le hace daño a nadie, hacerlo en este clima ya me hizo dudar de mi opinión (y si estoy un rato con la pelona expuesta al sol, seguro termino dudando hasta de mi cordura). Pero, ok, las calles del Centro no se hicieron para vehículos y mucho menos para estacionarlos, se entiende, aunque eso de que los hoteles pongan grandes conos naranjas para apartar lugar tampoco hace que se vea muy bonito que digamos (además de estar, también, prohibido por la ley).

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Ahora bien, lo que sí, de plano no entiendo, es cómo un hospital está rodeado de líneas amarillas y no cuenta con estacionamiento, o sea, si tengo una emergencia médica debo dejar a mi enfermo en la puerta mientras busco donde estacionarme o debo estacionarme y cargarlo.

En fin, esto de las líneas amarillas son un caso y si somos afortunados, tenemos la explicación o quizá venían incluidas en el kit de topes o es probable que estemos pagando justos por pecadores y todo lo anterior sea culpa de los que de plano no saben manejar, sí, de esos que se estacionan en área para discapacitados sin serlo, o de los conductores de moto que usan todo un cajón de estacionamiento (y eso que son los únicos conductores que tienen lugares asignados).

Repito, está bien la aplicación estricta de la ley, pero también la ley se interpreta y tiene atenuantes a la sanción y debe usarse un buen criterio, pues si bien es injusto que alguien estacione en una zona prohibida por comodidad afectando a terceros, hay momentos, como en el caso del hospital, que nuestros policías viales deberían (en el caso de que sea imposible construir un lugar donde los usuarios se estacionen) no solo no aplicar la infracción, sino auxiliar al ciudadano pues estaría pasando por momentos de angustia o, también el caso del señor yucateco que le retiraron la placa por estar en un lugar para discapacitados y que sí lo era o, en el caso del líder campesino al cual no le retiraron placa ni le aplicaron infracción pues contaba con un permiso, pues bien, si así fue, correcto, pero que le den el permiso impreso para colocar en la ventana y evitar malas interpretaciones.

Mientras tanto, mientras nos surge el respeto, la prudencia o el buen criterio, veremos cómo las líneas amarillas aparecen por generación espontánea en medio de las noches tropicales y en nuestros días, mientras solicitamos intervención divina para encontrar un lugar donde aparcar, caminaremos hasta desfallecer bajo el terrible sol, en el espantoso calor ya que no hay ni habrá, un solo lugar donde hacerlo.

Si es necesario tener líneas amarillas, esperemos recibir el motivo o la razón por la que se pintarán y, si es válida, busquemos, junto con la autoridad, lugares donde hacerlo  o mejorar el servicio de transporte público para evitar corajes, insolaciones y por supuesto, para el beneficio de nuestra sociedad.