Durante la campaña por la alcaldía de Campeche, el panista Eliseo Fernández arremetió contra el sistema, su discurso desobediente y rebelde era música para los oídos de simpatizantes, opositores y trabajadores del Ayuntamiento de Campeche que encontraron en Eliseo una salida para mejorar sus prestaciones, sus condiciones laborales y sus demandas. Un manantial de información salió del municipio hacia la campaña del panista entre los meses de marzo y junio. El equipo azul había infiltrado al sistema, y lo usaron en su beneficio. En varios momentos el candidato utilizó la información, que salía del edificio amarillo, y envío mensajes a los sindicalizados, incluso al personal de confianza, que creyó, que su triunfo no representaría un riesgo para su permanencia en el ayuntamiento. Pero las condiciones han cambiado. Y como cada tres años el o los sindicatos ejercen su presión.

En la campaña del 2009, el sindicato del Ayuntamiento, que dirigía Luis Chap, abrió las puertas del sindicato al candidato panista Carlos Rosado Ruelas. El trato de Rosado Ruelas fue respetar el sindicato y entregarle el nombramiento de la subdirección de aseo urbano como su cuota. Siete meses después, y con todo en calma, llegó la elección sindical, Luis Chap buscó la reelección y Manuel Bonilla que era secretario de conflictos del sindicato busca dirigir el sindicato. Bonilla ganó y Chap creó su propio sindicato, un gremio cercano a Rosado Ruelas.

En 2015, cuando Edgar Hernández intentó nombrar a Enrique Rosado en Servicios Públicos del municipio, Bonilla saltó y plantó en la entrada del edificio biplanta de la calle 8. La presión fue tal que Hernández anuló el nombramiento.

Durante la campaña del 2018, hubo acercamientos con Fernández, los sindicatos encabezados por Bonilla y Chap abrieron nuevamente las puertas a cambio de peticiones. El candidato dijo que sí, pero el alcalde dice que no. Las consecuencias estuvieron este martes frente al Palacio Municipal.

Cuando en agosto, Eliseo envió a varios colaboradores a capacitarse al municipio de Guadalajara, en Jalisco, asumió que aplanaría la toma de decisiones con su equipo de confianza. Ya nombrados les prohibió a sus directores dar declaraciones y entrevistas sobre temas polémicos, solo él podría declarar. Sellada la boca de sus colaboradores dio un paso más, a los trabajadores de confianza que firman un contrato, le incluyeron un clausula más: “pueden ser despedidos si violan un trato de confidencialidad”. La intención es llevar el criterio a los trabajadores de base.

Cercano al panismo, Chap corre el riesgo de perder agremiados si consideran que Bonilla defenderá mejor sus derechos.

La tormenta perfecta está en puertas, sí Bonilla y Chap acuerdan enfrentar juntos al Ayuntamiento.

No es lo mismo ser candidato que alcalde, un candidato puede usar el látigo, pero casi siempre el alcalde tendrá que poner la espalda. El ayuntamiento es un desgaste porque a la presión a la que está expuesto un alcalde no es un asunto menor. Para transitar por esta responsabilidad se necesita paciencia, capacidad de negociación, y buenos interlocutores. En la mayoría de sus directores no los tiene. Ya usan su nombre para bien y para mal. El propio alcalde reconoció que en las direcciones municipales la transición no transita con normalidad. La nueva administración municipal tiene el derecho de trabajar con su equipo de confianza, y es natural que administre con su equipo. Cada tres años la situación se repite, la diferencia ha sido y es en cómo se maneja.

El conflicto estalló con el nombramiento de José Ángel Pérez en el Rastro Municipal.

José Ángel tuvo una responsabilidad en el trienio de Oznerol Pacheco Castro (2006-2009). Los trabajadores señalan maltratos por parte del funcionario cuando se desempeñó en el mismo cargo, y el alcalde pide pruebas de eso. José Ángel se había unido a la campaña de Eliseo aludiendo experiencia en este sector, pero el sindicato lo rechaza.
Eliseo se ha aislado. Su equipo le recomendó que mantuviera distancia con el Palacio de Gobierno. Lo que le fue presentado como una estrategia encubierta, el alcalde la hizo notablemente visible y pública.

El día 1 de octubre, pasadas las 8:00 pm, frente a unos dos mil empleados, refiriéndose a la sede del ejecutivo estatal, advirtió, “nada queremos del edificio de enfrente”. Frente a los trabajadores, en las afueras del Palacio Municipal este martes, dijo literal: “no dejaron ni un peso para pagar una quincena”.

La declaración es alarmista, pero no es un secreto que el Ayuntamiento de Campeche, y los otros 10, necesitan de la ayuda de la Secretaría de Finanzas para operar. Sí Eliseo sabe esto, ¿por qué su postura de no dialogar con el edificio del enfrente? Mientras que los secretarios del gabinete estatal han tenido reuniones con los alcaldes entrantes, el alcalde de Campeche cierra las puertas a quienes tarde o temprano necesitará. Es cuestión de tiempo, no de orgullo, ni soberbia.