El más pequeño de mis hijos entra a la escuela, los otros dos están curtidos en las lides escolares y aún así se emocionan por iniciar, por tener mochila nueva (no crean que me da mucho gusto eso de comprar una cada año pero, es parte de la ilusión), por conocer nuevos amigos, por recibir la sonrisa de su profesor(a). Iniciar clase es la posibilidad de iniciar de nuevo sin romper el aprendizaje sumativo, es decir, poder eliminar nuestros pequeños fallos sin perder los grandes beneficios.
Sin embargo, la ilusión de nuestros niños debe estar acompañado de la realidad del esfuerzo de una nación por brindar las mejores herramientas para que puedan sobresalir dentro de una sociedad globalizada que cada día, se vuelve más exigente.

Estamos en un país que lleva en vías de desarrollo más tiempo del que algunos hemos vivido, ciertamente es un proceso constante, aunque, hay ocasiones en las que creo que nos atoramos en algún clavo de esa vía y todos nos rebasan mientras nosotros seguimos esforzándonos, agotándonos pero, sin avanzar.

La educación ha sido, es y será la mejor herramienta de igualdad, desarrollo y justicia, solo a través de ella, aprenderemos a vernos de una manera crítica que nos permita mejorar constantemente.
Crítica, palabra complicada y no obstante, es necesario saber en que estamos fallando de la manera más directa posible para que podamos solucionarlo, si bien, es maravilloso para tu ego, para la construcción de la personalidad debemos aceptar que somos perfectibles y que no todo está bien, que no todo lo que hacemos está bien, que tenemos derecho a equivocarnos pero, saberlo y continuar en el error, es una decisión perjudicial y francamente… aberrante. No obstante, le tenemos miedo a la crítica y por ende, a la autocrítica, nos es más sencillo justificar las fallas que solventarlas, es más sencillo echar culpas que asumirlas y lamentablemente, mientras sigamos premiando lo incorrecto, estaremos aceptándolo junto con todo lo que lleva aparejado.

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La educación es un proceso, es la construcción de nuestra capacidad y, como toda construcción, es necesario empezar con los cimientos antes de poner ladrillos, antes de darles acabado, antes de embellecer la construcción. El proceso es importante, es ir sumando hasta alcanzar el siguiente nivel. Ahora bien, imaginen a un niño que inicia el colegio estudia, aprende y avanza de grado en grado hasta llegar a sexto año y luego, de la nada, le dicen que tiene que regresar a primero y cursar primaria otra vez y cuando cree que llegará a secundaria, inicia un sexenio y lo regresan a primero de nueva cuenta. Ese niño, ahora mayor de edad, será especialista en primaria mientras los demás países, cursan secundaria, preparatoria, licenciatura y posgrado. No podemos nacer y morir cada tres o seis años, mucho menos en educación, la educación de nuestros niños y jóvenes debe estar más allá de la política, de los partidos, de cualquier cuestión que interfiera en la construcción, desde las bases de una nación humana y generosa.

Cada ciclo escolar los alumnos tienen la oportunidad de iniciar de nuevo desde el aprendizaje previo, es decir, mejorar su actitud y sumar conocimiento. Cada ciclo escolar, nosotros tenemos la oportunidad de iniciar de nuevo y convertirnos en lo que este país necesita, mejores padres, mejores maestros, mejores ciudadanos.

Este país merece convertirse en uno en que la educación sea un faro de esperanza y eso, obligatoriamente, tiene que pasar por crítica, autocrítica, razonamiento, experimentación, curiosidad, creatividad y también, debido a lo anterior, una buena parte de rebeldía pues, para mejorar, hay que cambiar, reinventarse y jamás, caer en el conformismo y en la inmovilidad.
Feliz inicio de ciclo escolar, feliz nueva oportunidad de ser mejores que el ciclo anterior.
Raúl Sales Heredia.