El mito es un sistema de creencias, coherente y completo, que da sentido y orientación. Es el todo que ofrece la dirección estratégica y expresa el sentido último de la acción del gobierno.
Las tareas de todos los días no logran dar cuenta del proyecto por más exitosas que éstas sean. La suma de las partes no constituye el todo y por lo mismo se requiere de un envolvente, el mito, que manifiesta de dónde se vienen y hacia dónde se va.
El mito de gobierno es una formulación breve que se explica en sí misma y como tal es capaz de articular el pasado con el presente y el futuro por venir. El mito es el compendio del proyecto político que se quiere implementar.
La formulación del mito se expresa en un relato capaz de despertar y mantener la esperanza, movilizar las voluntades y conducir los esfuerzos en la consecución de lo que se persigue. Así, quien participa de él se asume no solo como simpatizante sino también como constructor del mismo.
El mito expresa lo que se quiere hacer y da seguridad a quienes lo comparten de que se sabe hacia dónde ir y cómo lograrlo. Eso, a su vez, permite que esas personas asuman al gobierno como propio. Y que haga suyo, los sustentos del proyecto y acepte a los dirigentes que lo conducen.
La expresión simbólica que exige todo mito ofrece no solo el contenido programático sino también propone los elementos de carácter afectivo y emocional que envuelven la acción y dan sentido de identidad y pertenencia al proyecto y al grupo que tiene a su cargo la conducción.
El mito produce esperanza y seguridad. Actúa como una coraza que permite enfrentar y superar las dificultades. Fortalece a las personas y les permite siempre estar ubicadas en la realidad de la que son parte, pero también del estado que guarda el proyecto que se lleva a cabo.
La construcción y comunicación simbólica del mito ofrece la posibilidad para que el gobierno construya la argumentación que, desde el todo, ofrezca el sentido permanente y renovado de la acción y mantenga la esperanza de que si se sigue esa dirección se obtendrá lo que se busca.
La estructuración del mito de gobierno exige se responda a las siguientes preguntas: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué nos proponemos hacer para conseguir el fin? ¿Qué vamos a obtener si lo logramos? ¿Qué pasaría si no lo hacemos?
El mito exige que se le formule en una narrativa, una historia, ágil y creíble, que se sustente en sí misma, que da sentido e ilumina el accionar diario, de suyo parcial y fragmentado, en el marco de un proyecto de gran envergadura.
La cuarta transformación es el mito que propone el presidente López Obrador. Cumple con los requisitos técnicos que se requieren, para su construcción. En la campaña y en los primeros meses de gobierno le ha funcionado muy bien.

También podría interesarte  El nuevo Colegio Cardenalicio

Twitter: @RubenAguilar