En el México de hoy son tantas las carencias y desigualdades que la gente tiene necesidad de que sus temas se atiendan hoy y los resultados se les entreguen ayer. Y no es para menos, luego de que por sexenios hemos visto que si algo no llega es precisamente el resultado que logre disminuir y amortiguar esa desigualdad social que ofende. El escepticismo se justifica.
Los gobernadores de la región sur-sureste siguen esperando que el gobierno federal –desde hace muchos sexenios- concrete ese plan de la Ruta Maya y que se integre el corredor que haga muy fácil recorrer esta zona donde no sólo hay vestigios prehispánicos sino que la mezcla de culturas ha dado paso a tradiciones y costumbres que deberíamos conservar y enaltecer.
El proyecto del Tren Maya –así me dicen que se llama sin tomar en cuenta que también hay Olmecas en Chiapas y Tabasco- pareciera ser el epílogo de una larga lucha para armar una infraestructura que atienda esta región.

Por años, el proyecto se mantuvo inactivo desde que Carlos Salinas anunció su desarrollo. Cuando Felipe Calderón lo retomó había coincidencias, pero el contexto era distinto. En 2011 el semanario proceso publicó que: “El primero de ellos -recuerda Jorge Franco, especialista en el estudio del impacto de desarrollos turísticos e inmobiliarios en la zona maya-, el proyecto Maya Zamá tuvo su origen en la Secretaría de Turismo (Sectur) que encabezaba Carlos Hank González.

“Iván Franco, doctor en ciencias políticas por la UNAM, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y autor entre otros libros de Los proyectos neoliberales sobre cultura y patrimonio cultural en México, editado por la Universidad Autónoma de Yucatán, añade que aunque ya estaba permeado por las políticas neoliberales y del libre comercio, todavía era un proyecto del Estado mexicano, no de las transnacionales. Se centraba en la explotación de cultura y los sitios prehispánicos de lo que fue Mesoamérica, así como de los paisajes naturales, pero bajo la batuta del gobierno federal.

“Después del sexenio salinista, durante el gobierno de Ernesto Zedillo se siguió dando cierto impulso al proyecto Mundo Maya. En junio de 1996 el empresario Roberto Hernández anunció que las haciendas henequeneras, ya abandonadas y que él había adquirido por 300 mil y hasta 1 millón de pesos, las convertiría en hoteles de “gran calidad”, donde podrían descansar los visitantes a las zonas de Uxmal, Chichén-Itzá, Celestún, Mérida, Campeche, así como a los conventos coloniales y Jaina, entre otros sitios (Proceso, 1025)”.

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Como se ve, el proyecto nació con Salinas y hasta después del gobierno de Calderón, la idea del Mundo Maya como atractivo turístico fue creciendo de manera desordenada y muy focalizada entre Yucatán y Campeche, porque en Quintana Roo el concepto es más americano y europeo, pero también se promueve ese recorrido.

La idea del Tren Maya de Chiapas a Quintana Roo ha sido recibido, como lo fueron los otros planes, con el aplauso de todos los que han visto potencial económica a una zona que ha estado alejada de la infraestructura y, con ello, negada al desarrollo en las mismas condiciones que el norte del país.

Hoy, la idea de López Obrador no se entiende si no lleva emparejada un aumento en el número de turistas que visitan la zona. México ocupa este año uno de los 10 sitios de mayor afluencia turítica en el mundo, el número 6; y precisamente para incrementar esa afluencia y provocar más inversiones se promovió la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, precisamente por la saturación e inviabilidad de aumentar el existente.

El proyecto del Tren Maya será un error que se construya utilizando el fondo de promoción turística porque se decrecerá en ese rubro, y es precisamente a él donde van encaminadas las inversiones del aeropuerto y del tren maya. Uno no podría operar si hay una baja en la afluencia turística y el tren maya tampoco tendrá la ocupación que se pretende si hay menor afluencia en la zona.

Los proyectos del tren y del aeropuerto deberían promoverse de manera integral, esforzarse que se concreten al mismo tiempo porque eso garantiza al país no sólo más visitantes sio también más inversión, aunque la ferroviaria sea más lenta su recuperación, pero justificada porque comunicará a una zona de desarrollo –que se incentivará- con vías de distribución en el centro del país.

Los mercados del centro del país están maduros no sólo en producción sino también en inversión mientras que el sureste es una zona casi virgen deseosa que desarrollarse y llevarle trabajo y desarrollo a la zona más depauperada del país.