Estamos en un estado que además de ser un pedazo de paraíso, tiene oportunidades increíbles para hacer negocios, no obstante, a pesar de ser un océano azul (adoptando el símil utilizado para hablar de la saturación de negocios y la pulverización del mercado meta), hay algo que nos impide que la ciudad de Campeche, en particular, despegue.

La inmensa mayoría quiere tener su empresa, es decir, convertirse en su propio jefe, generar ingresos en los que se dependa exclusivamente del factor esfuerzo, sin embargo, las limitantes de inversión, de sobreprecio en renta, de la falta de los estudios de mercado que sirvan para la toma de decisiones, del conocimiento o en su caso, de la contratación de asesoría contable y fiscal, de la obtención de permisos municipales y estatales. Es ese camino plagado de baches y piedras, el que nos lleva a la obtención de nuestra libertad financiera y laboral (esta última es subjetiva pues el empresario y/o emprendedor trabaja todo el día sin horario fijo pero, puede acomodar sus tiempos a su conveniencia).

La apuesta de muchos gobiernos federales, estatales y municipales ha sido fomentar el emprendedurismo, la generación y distribución de riqueza a través de la empresa y la creación de nuevos empleos, en otras palabras dinamizar la economía.

La apuesta es alta, la ganancia lo es también y lo que se busca es minimizar el riesgo pues de algo estoy seguro, poner un negocio del mismo giro y con los mismos productos enfrente de otro que está siendo exitoso no es la mejor de las ideas.

Hay aliados, los fondos mixtos estatales y federales, consultoras, incubadoras, consejos empresariales y el que, en el momento en que realices tu empresa debes visitar es Coparmex, no es una cámara más, es un sindicato patronal, es decir, son empresarios que ven la vida desde un enfoque especializado, donde entienden que no todos tenemos los elementos para ser empresarios así como no todos los tienen para ser astronautas pero que, todos, sin excepción podemos aprenderlo. El intercambio de información de mercados a nivel nacional, el intercambio de experiencias y la intención de compartirlas para mejorar nuestro entorno nacional son, desde mi punto de vista un paso obligado en cualquiera que desee continuar en el maravilloso proceso de la empresa privada.

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Crear una empresa no es solo el trámite burocrático, el riesgo del patrimonio, el trabajo sin descanso ni horario, es, además, el entendimiento de nuestro entorno social y la satisfacción de una necesidad, empresa que no lo entienda, empresa que probablemente desaparezca.

Dice un gran y admirado amigo que un empresario habla por su trabajo y no busca el foco mediático pues la empresa es su estandarte. Los empresarios suelen trabajar a largo plazo lo que en ocasiones choca con el sector público y si bien hay coincidencias, en especial con la generación de infraestructura, el gobierno suele trabajar con plazos mucho más cortos que la empresa y es ahí donde surge el intercambio que debe darse para la mejora social pues si el gobierno no escucha a la iniciativa privada no existirá una visión de futuro y en ese intercambio deben de existir reglas muy claras, ni la empresa es gobierno ni el gobierno es empresa, mezclarse de esa forma generalmente convierte el mar azul (o rojo) en un mar muerto pues se crean condiciones de competencia desleal, se utiliza el poder confiado por el ciudadano para amedrentar o acabar competidores o, se transforma en una tóxica simulación.

Vamos, Campeche es una página en blanco donde la empresa puede crecer y es la misma iniciativa privada la que debe planear, la que debe estimular la creación de cadenas productivas, la que debe buscar que sus impuestos se apliquen en la infraestructura necesaria para la mejora económica y social (no solo para sus empresas) pues, el mejor lugar para tener un negocio es donde las personas tengan ingresos y sientan las tranquilidad de gastárselo en la satisfacción de una necesidad.