Generar cambios para mejorar nuestra sociedad es uno de los temas más recurrentes en estas campañas, eso es correcto, eso debería ser el punto central de todo aquel que desee servir a su gente y de eso se supone que va el tema del político. Lo preocupante son los que no terminan de entender el sentido de servir y convierten la campaña en algo tan banal como una competición, una carrera de obstáculos (puestos por ellos mismos) donde lo que importa, deja de ser el servicio y se convierte en el ganar a como dé lugar.
Me deprime ver cómo nos dividimos en colores cuando lo que deberíamos lograr es el aprendizaje de unos y otros, todo aquel que desee servir (todos y cada uno de nosotros) debe tener la apertura mental para saberse perfectible, para reconocer las buenas ideas en los demás, aceptando que siempre habrá alguien mejor que nosotros, en muchas, muchísimas cosas y que esto no significa que nos quedemos cruzados de brazos sino que aprendamos de ellos.
Me preocupa la manera tan violenta en la que nos destrozamos desde nuestra supuesta autoridad moral o imaginada superioridad donde ni siquiera esgrimimos argumentos pero sí, escupimos vituperios. Pareciera que las campañas en lugar de sacar lo mejor de nosotros para esa mejora social, nos clasifica en colores, en grupos, en lealtades mal entendidas que se intercambia por puestos, chambas o dinero y que subyugan a la que debería prevalecer ante todo… la lealtad a nuestro país.
A veces me hacen creer que estoy mal, que importa más el lado del que juegas que la razón por la que lo haces, que es más importante escoger a personas que se cuadran ante un partido o “proyecto” antes que los que son de probada capacidad y desempeño efectivo.
Aprovechando el simil del fútbol, imaginen que el director técnico no escogiera a los mejores sino solo a los del equipo al que le va desde niño solo por “lealtad”. Acaso sería tan malo tener un gobierno conformado por personas de diferentes partidos o incluso, sin que lo sean. Pueden imaginarse tener a nuestros mejores mexicanos, a los más capaces, a los que han demostrado no una, sino mil veces la resolución de problemas, que han pensado fuera de la caja, que pueden hacer un cambio real, profundo, de raíz de todo aquello que nos desespera de un sistema político que ha quedado obsoleto y que de no abrirse, podría colapsar. ¿Se imaginan un México con las personas más capaces sin importar el partido? Si no pueden hacerlo, es que como ciudadanía tampoco estamos funcionando adecuadamente y que hasta nos “emocionan” los pleitos entre los contendientes en la elección pues lo vemos, tristemente, como la tragicomedia en que se ha convertido la pasarela de sonrientes e impolutos candidatos.
Creo en nuestro país y en su gente pero, también sé, que no hemos encontrado la voluntad o la oportunidad de participar activamente en la construcción diaria de nuestro tejido social. Somos individuos, únicos, irrepetibles, especiales cada uno de nosotros pero, debemos reforzar esa apertura de la que hable antes pues sólo aprendiendo y reconociendo las virtudes de los demás, podremos mejorar nuestra persona hasta que nos toque enseñarle a los que vienen detrás.
Hoy, en un momento tenso de nuestro país, por las razones que sean, se presenta una encrucijada y existen dos formas de enfrentar lo que está a la vuelta de la esquina, la primera, es la cómoda de ver que pasa desde la perspectiva de que cada uno cuide lo suyo mientras nos apartamos entre nosotros por envidias, corajes o intereses hasta desaparecer en soledad o, caminamos hacia el futuro juntos sin buscar culpables sino aceptando responsabilidades… Podemos hacerlo, lo sé.