Hace 37 años que me dedico al periodismo. Algunas veces he resentido el reclamo por lo que escribo y se publica, otras he recibido la gratitud de quienes resolvieron un problema gracias a lo publicado y alguna vez más la crítica de quienes creen que saben lo que es dedicarse a esta profesión.

Durante estos años de labor en los medios, he hecho de todo: radio, televisión, periodismo escrito, en redes sociales, revistas corporativas, de cámaras empresariales, de clubes sociales. He sido consultor externo de algunas empresas, de algunos personajes políticos y empresarios y debo reconocer que si algo me ha encantado es precisamente conocer gente, personas que piensan diferente, que aportan sus experiencias y que han enriquecido mi vida y mis experiencias.

En cada uno de esos trabajo he aprendido algo distinto y hay algunos medios en los que me ha dado vergüenza trabajar pero que han servido para aprender, para tener claro que me gusta y que no.

En todos estos años he evitado tener militancia política o partidista. Con certeza pienso que un periodista debe serlo siempre y nunca doblarse ante la autoridad o la amenaza.

Me han librado dos órdenes de aprehensión: por defenderme de un agresivo sujeto cuya vida dedicó a ofender y a vejar a quienes alguna vez se les ocurrió que podrían apoyarlo –el peor ser humano es el malagradecido- y otra por beneficiar a un socio que nos ha desfalcado a todos los que hemos sido sus compañeros de inversión y proyectos. Incluso su familia.
Sin embargo, las experiencias han valido la pena. Me han permitido conocer de cuerpo entero a mis amigos, a quienes me respetan y valoran y a quienes con aprecio y honestidad me han respaldado y hasta brindado apoyo.

En ese largo camino he sido testigo de las campañas políticas desde la de Abelardo Carrillo Zavala en Campeche, hasta las más recientes hace unos meses en Yucatán y en el país.

Me ha tocado ver profesionalmente las tomas de posesión de Miguel de la Madrid y estar consciente de la vida política nacional desde el gobierno de Luis Echeverría y José López Portillo. Con Díaz Ordaz mi única referencia es el dos de octubre de 1968 y las olimpiadas por lo mediático de ambos hechos.

La experiencia me dice que cuando un político sólo habla de sus bondades y se vanagloria de sus capacidades sólo nos está poniendo en la antesala de sus propias limitaciones.

Y lo expongo porque pareciera que vivimos los tiempos de los excesos, de los egos inmensos y de los políticos que creen representar a un pueblo que es etéreo y que sólo quiere vivir mejor y tener mejores servicios. Los que apoyan hoy serán los defenestradores de mañana cuando se sientan frustrados y hasta hartos de esperar resultados, de esperar vivir mejor y tener mejores servicios.

Los excesos del PAN los vivieron los priistas que los vieron llegar en 2000 en Ciudad del Carmen donde despidieron a una infinidad de gente que tenía toda la vida trabajando para la ciudad. Esos personajes no sólo demandaron a la Comuna sino que ganaron sus juicios con el consabido daño patrimonial a la autoridad municipal que no tuvo suficientes recursos para cubrir esos adeudos y vio embargados varios activos para cubrir sus deudas.

Los años que llevó el proceso legal terminaron precisamente cuando perdieron la alcaldía de la isla y quien ganó tuvo que negociar con quienes, despedidos por el PAN, tenían derecho a pagos por daños y perjuicios, por sueldos caídos, por despidos injustificados y hasta la parte que les tocaba por vacaciones y el ahorro para el retiro. El tema además incluía los gastos de abogados y del juicio perdido por la autoridad. Una fortuna para la que no hubo previsión presupuestal.

El tema viene a colación precisamente por lo que sucede hoy en el gobierno federal, en el gobierno municipal y el desencanto de tanta gente que por antigüedad ha generado derechos que hoy se les conculcan.

La euforia de la victoria es directamente proporcional con la frustración del presupuesto y de los gastos nunca vistos por los ganadores.

Quienes ganan, deberían tener la suficiente grandeza y no ver sólo por quienes los apoyaron y quienes votaron por ellos. México y Campeche será una entidad sólida y confiable cuando la burocracia sea la misma gane quien gane y los ganadores lo serán más cuando entiendan que quienes no votaron por ellos son los ciudadanos a convencer.