En los primeros seis meses del 2017, el presidente, Enrique Peña Nieto, se ha reunido con los gobernadores en cuatro ocasiones extraordinarias: 1-Para fijar postura ante la victoria de Donald Trump; 2-Por las consecuencias del gasolinazo; 3-Por el asesinato de periodistas; y 4-Exclusivamente con gobernadores priistas, tras las elecciones del 4 de junio.

¿Qué confirma esto? Que la relación entre la federación y los gobernadores cambio. No se puede evaluar el poder que hoy acumula un gobernador priista sin evaluar antecedentes importantes.

Ocurre desde finales del siglo XX, la competencia electoral obligó a la federación ceder más autonomía a los gobernadores. Los equilibrios de poder se han modernizado.

Tras la derrota del PRI en el 2000, los gobernadores priistas, pronto encontraron y disfrutaron la ausencia de un presidente que les amarrara las manos. Eso les concedió mucho poder.

A esto se sumó un nuevo escenario. A muy poca distancia, tres partidos diferentes compartían espacios importantes. El PAN, gobernaba en Los Pinos; el PRI, en la entidad más poblada del país ; y el PRD la capital de México.

No se ha reconocido, pero ese contexto político, fue la semilla del Pacto por México que suscribieron estos tres partidos políticos. Aunque se firmó oficialmente el 2 de diciembre del 2012, el pacto había nacido 12 años antes.

La creación, en 2003, de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) retomó el poder distante que un grupo de gobernadores, encabezados por el mandatario de Puebla, Maximino Ávila Camacho, habían logrado cuando crearon el Bloque de Gobernadores de la República Mexicana en 1939.

Ratificando su necesidad de autonomía, en especial los gobernadores del PRI, desde el 2000, se encargaron de hacer evidente su voluntad. A pesar de que eran 21 gobernadores priistas, el exsecretario de Gobernación, Francisco Labastida sólo ganó en 11 estados; el ex gobernador Vicente Fox ganó en 19 y en la Ciudad de México.

La volvieron a recetar. En el 2006, los 17 gobernadores priistas crearon el “Todos Unidos contra Madrazo” (Tucom) y Roberto Madrazo no ganó en ninguna entidad. En su libro “La Traición” (Editorial Planeta 2007) dice que está convencido de que su derrota se debió a la deslealtad interna.

En el 2012 volvieron a ponerse de acuerdo. Durante su mandato como gobernador, Peña construyó acuerdos que le rindieron frutos; ganó en 20 estados con el apoyo de sus excompañeros  gobernadores de todos los partidos. En resumen, en las últimas tres presidenciales, los mandatarios estatales en turno, hicieron ganar a dos exgobernadores e hicieron perder a un candidato. Nadie debería subestimarlos.

Algunos gobernadores se sintieron tan poderosos, que recientemente incurrieron en actos de corrupción, pero aun así, los expedientes en su contra procedieron hasta concluir su cargo.

Un dato ilustra cómo podían prescindir de un gobernador mientras no existía la competencia electoral. De 1946 al 1999 fueron removidos 71 gobernadores, en promedio, más de uno por año. Del 2000 al 2017, solo cuatro fueron obligados a pedir licencia: Jorge Morales (Morelos, 2000) Fausto Vallejo (Michoacán, 2013) Ángel Aguirre (Guerrero, 2014) Javier Duarte (Veracruz, 2016).

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Para 2018 serán solo 14 gobernadores priistas. El presidente, el PRI y el candidato presidencial los necesitará  a todos.

De los mandatarios del PRI, cuatro llegarán al 2018 en la mitad de su mandato, uno de ellos es Alejandro Moreno. Desde que fueron electos ya lidiaron con tres presidentes nacionales del PRI.

Bajo estas circunstancias ¿podrá alguien decirle a Alejandro lo que tiene que hacer? Se ve difícil. El presidente, es su amigo, ha sido al gobernador que más ha recibido en privado. Una primera lectura, es que le permitirá total autonomía.

Moreno Cárdenas podrá jugar con su tablero. No permitirá imposiciones en las boletas al Senado, Congreso Federal, alcaldías y diputaciones locales, ni en la lista plurinominal de su partido.

“Equipo” ha sido, en sus discursos públicos, el concepto que más utiliza. Hay quienes no entienden, o dicen que no entienden, y buscan mantener o construir proyectos paralelos. ¿Bajo qué garantía? Ninguna.

Este sexenio está empezando, hay bastantes señales de inclusión, las mismas que hay de un poder absoluto.

Cualquier proyecto que quiera construirse al margen, tendrá poco éxito.

Moreno hoy tiene posibilidad de nominar, pero también de vetar, pasarlo por alto, con los antecedentes aquí expuestos, es un suicidio.

Este sábado en la toma de protesta del nuevo Consejo Político del PRI estatal, el gobernador señaló que no se trata de experiencia, ni de género. Un mensaje a quienes consideran que pueden pararse sobre su trayectoria, o que su condición de mujer automáticamente les garantiza espacios. ¿En qué gobierno? En este no.

Las transiciones presidenciales siempre son turbulentas, crean vacíos de poder, pero Alejandro Moreno estuvo sentado en las primeras filas en las últimas tres sucesiones presidenciales, ingenuo sería pensar que ahora le dirán que decisiones tomar. Con su peso específico, jugará un papel esencial en las elecciones que viene.

Protegerá e impulsará a quienes estén haciendo equipo. Quienes lo integran deben estar conscientes que tienen lijado el camino. Alejandro hace por ellos, lo que nadie hizo por él.

Moreno Cárdenas es un político con influencia real. Con un gabinete ciudadano, con delegados incondicionales y un partido estatal con nuevos rostros; natural que algunos, que nacieron en el seno de otros tableros políticos, estén inquietos y sin evaluar el entorno estatal y nacional, buscan garantizar su supervivencia por la periferia, sin distinguir el error de no diferenciar entre construir y desafiar.