Quisiera creer que el hoy no se ve afectado por la expectativa de lo que será, que no se paraliza nadie ante los faros del futuro que viene (lamentablemente, lo que quiero creer es muy probable que sea similar a mis utopías).

Quisiera creer que en estos momentos los colores partidistas dejan de ser el centro de su existir y la atención se vuelca a la ciudadanía, al servicio, que no importa lo que vendrá y es el trabajo actual lo único que habla por las personas, que ante el compromiso con la ciudadanía no importan acuerdos, arreglos o puestos, que los futuros legisladores están leyendo la legislación actual y están buscando los puntos que habrá que mejorar no en la idea de que le funcione a un grupo o bancada sino que sea de aplicación y mejora general.

Quisiera creer que no importa si son vencedores o vencidos, si son actuales o futuros servidores, si son viejos lobos de los mares del sistema o novatos que aún no tocan las aguas, todos, sin excepción tienen claro que México no se divide en favoritismos u odios, que debemos de trabajar de manera coordinada y que de eso se trata la política, de encontrar el punto de beneficio común, que no debe de haber patadas debajo de la mesa sino acuerdos sobre ella.

Lo dije, lo que quiero creer es una utopía, es muy probable que desde este momento estén buscando en donde refugiarse, acomodarse, o en la búsqueda de los nuevos grupos donde incrustarse y eso no puede, no debe seguir, hemos visto lo que la división le hacen a nuestro país, demasiado nos hemos atacado entre nosotros y ahora nos vemos con la desconfianza del que nos agredió y no escuchamos razones, no atendemos a peticiones, nos encerramos en el absurdo del “conmigo o contra mí” cuando lo que se necesita es no ver quien jala más fuerte la cuerda sino amarrar el futuro a un extremo y jalar todos de manera conjunta en una dirección.

Entonces, si digo que es una utopía, ¿qué hago aquí escribiendo estas líneas? Simple, espero que deje de serlo, que uno de ustedes me lea y tienda la mano al de a lado, que se olviden de que la política es la panacea y el ungüento de la Magdalena para nuestros males y entendamos que solo nosotros, uno a la vez, podemos cambiar nuestro entorno.
Vamos un paso a la vez, empecemos por lo que tenemos, recursos naturales, el mar, revisemos y actualicemos las vedas, geolocalización de los pescadores ribereños, formemos arrecifes artificiales donde el pulpo pueda reproducirse, dejémosle un año para la repoblación, así con el camarón, con el cangrejo, con el cazón, el pepino de mar, penas severas, reparación del daño y cierre definitivo de empresas que contaminen ríos y mar; Siembra de árboles maderables para cosecharse en 20 años en un área mientras se busca rotación de cultivos; hacer todo lo que esté en nuestras manos para la proliferación de abejas y producción de miel; crear las condiciones para darle valor agregado a los productos del agro y pagárselos directamente al productor. Lo que nos toca en todo esto es, no comprar productos en veda, buscar productos que no contaminen, denunciar y apoyar en lo que podamos.
Mejorar el servicio de transporte público, revisar rutas, horarios y unidades y lo que nos toca, es hacer nuestra parada en los lugares designados, ser corteses con las personas que lo usan, cuidar lo que es para nuestro servicio y denunciar.
En otras palabras, debemos ser mejores ciudadanos para conseguir mejores servidores y aunque creamos que nuestra denuncia no procederá, no funcionará, no tendrá solución, si a la tuya, sumamos la mía, y la del vecino, y la del desconocido que también lo hizo, veremos que somos mayoría y quizá, ya no sea solo creer que tenderemos un cambio sino ser parte del mismo.

Puedo ser utópico pero, a veces soñar con algo mejor y escribirlo es una forma de que juntos, hagamos las primeras acciones para que deje de serlo. Soñemos juntos pues, nosotros ciudadanos, somos los primeros y los más interesados en que aquellos que decidieron servir a la nación, cumplan y cuando lo hagan, tendremos otros sueños igual de utópicos para seguir construyendo nuestra mejora social.

Gracias por soñar…