Después de que se realizó el anuncio de la remodelación del parque Moch Couoh los comentarios no se hicieron esperar y es que mientras buena parte de las calles presentan un deterioro severo, usar 180 millones para un parque puede parecer una bofetada pero no es lo mismo, cierto que Campeche no es solo el malecón y el Centro Histórico pero es eso lo que atrae al turismo, entonces, veámoslo como una inversión para atraer más turismo y esperemos que con la derrama que estos turistas traigan, se pueda dedicar dinero para rellenar los cráteres del resto de la ciudad.

En algún momento escribí acerca de cómo me gustaría ver mi ciudad y en esa columna veía al parque de Moch Couoh como un parque arbolado, supongo que fue coincidencia o simple intersección de sentido común pero saber que se plantarán más árboles, me alegra infinitamente, si por mí fuera, en lugar de ampliar calles ampliaría camellones y sembraría más árboles y en lugar de poner fuentes danzarinas pondría aún más árboles, árboles en cada rincón, árboles en cada esquina, árboles en cada espacio que pudiera pero, eso como otras miles de cosas, no está en mis manos. Regresemos al Moch Couoh, tener un parque arbolado en pleno malecón es una idea maravillosa ya que el barco hacia el progreso hace mucho que dejó de ser y fue rellenado como buena parte del malecón, ese malecón que antes pasaba por lo que ahora es el deportivo 20 de noviembre hasta llegar a la iglesia de Guadalupe donde, contra esquina habían unos juegos de troncos pintados de colores vivos, que seguía por ahí hasta la iglesia de San Francisco, el casino, la ría y llegaba hasta el parque de béisbol. Ahora ese malecón está a cientos de metros, en terrenos ganados al mar que se usarían para otro “nuevo Campeche” pero que al ser relleno tiene todo menos árboles y ahora, la brisa que antes refrescaba choca contra muros o levanta polvaredas.

El malecón no le corresponde al gobierno municipal sino estatal y de la marea más alta 20 metros hacia dentro, al federal. La arquitectura del parque Moch Couoh, el Congreso, Palacio de Gobierno, y la fuente del “tornillo” (que se derruyó y luego reconstruyó frente a la iglesia de Guadalupe) son representativas de un estilo pero no creo (digo creo porque no tengo la certeza) que sean parte del patrimonio y tengan que pasar por el INAH (quizá por el INBA).

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Tenemos que ser conscientes que nuestros pasos resuenan sobre losas ancestrales, que caminar por Campeche es estar inmerso en la historia, que si por alguna razón buceas en Jaina (se necesita permiso del INAH) encontrarás pedazos de vasijas mayas, si vives en una casa colonial quizá encuentres enterrado alguna joya histórica que se ocultó para salvarla de los saqueos piratas, verás baluartes, quizá conozcas la historia de porque se destruyeron las murallas al ser la única ciudad que Porfirio no podía tomar con caballería (que dicen que no fue así pero, que me suena más lógico que la de que impedía el paso de la brisa) y hablando de caballería cuanta la leyenda que enfrente de conocida palapa del malecón un barco de guerra llamado “War of the world” se acerca a costas campechanas con intenciones no muy pacíficas cuando nuestras someras aguas combinadas con la vaciante propia de nuestras tierras hacen que queden varados dejando al “guraguao” en una insólito enfrentamiento, a merced de nuestra caballería.

Sí, ese esqueleto metálico de un naufragio que rompe la placidez de nuestro mar, también tiene historia y quizá, estemos en los últimos días de ver los remanentes del “guaraguao” antes de que queden cubiertas por un relleno más, de nuestro litoral.

Campeche tiene historias que se cuentan de padres a hijos, que flotan en un aire cargado de sal mientras nuestra espalda se apoya en construcciones bellas no por las piedras, sino por lo que han vivido.

Transitamos entre la tenue bruma de nuestra historia y nuestro futuro y debemos porque así lo solicitamos, cuidar el patrimonio de la humanidad pero, también debemos pensar en que no todo es patrimonio y que sí debemos, movernos hacia el futuro de calles de concreto hidráulico, de luminarias led alimentadas por energía solar, a drenajes biodigestores y al respeto absoluto por nuestro entorno donde sea más importante sembrar un árbol que ampliar una calle pues si algo une al pasado con el futuro son esos majestuosos y frondosos seres vivos que impiden aumento de temperatura, erosión de tierra, contaminación de aire, que hacen bello cualquier lugar y que también guardarán historias por contar.