Campeche se encuentra en una encrucijada en la que su futuro está sobre la mesa. Campeche ha sido un estado rico históricamente: palo de tinte, maderas preciosas, chicle, camarón y petróleo, este último ha sido fuente de riqueza nacional por décadas y ha originado un debate sin final acerca de si el petróleo es de Campeche y nos corresponde un trato justo por la Federación o si por estar en aguas nacionales es federal y a Campeche solo le toca una parte proporcional.

El caso es que eso, en este momento, no nos debe de interesar pues con la Reforma Energética toda una serie de oportunidades se abren para el estado. El municipio de Carmen ha sido, desde el descubrimiento de Cantarell, uno de los municipios más importantes del país y con esa importancia y serie de ventajas vinieron aparejadas una serie de complicaciones lógicas debido al gran caudal de dinero proveniente de la industria petrolera y la población flotante producto de lo mismo.

Sin embargo, la llegada de grandes trasnacionales traerá una serie de beneficios pero implicará una gran inversión en infraestructura y aquí viene la encrucijada, pues nuestro estado, en comparación con nuestros estados vecinos, está años atrasado y si las grandes trasnacionales optan por poner sus oficinas y viviendas en alguno de nuestros estados vecinos y solo dejar la parte operativa aquí en lugar de detonar desarrollo, seguiremos con el mismo círculo vicioso que genera una gran cantidad de dinero que se utiliza en una mínima parte mientras que la mayoría saldrá del estado.

Campeche está en una encrucijada pues puede generar miles de millones de pesos que sean de manera inmediata y que se terminen en una llamarada o que se utilice la generación de ese recurso para sentar las bases de la investigación y generación de energía renovable; en la creación de un gran parque agroindustrial manejado por el  consejo del fideicomiso del 2% que le dé el valor agregado a los productos agrícolas que, al generar una utilidad mayor, le permita pagarle al agricultor el insumo por arriba del valor de mercado, haciendo rentable la actividad y eliminando, a la vez, el coyotaje; creando turismo de aventura y cultural dentro de nuestra riqueza patrimonio histórico.

El rumbo de Campeche puede ir por el mismo camino que llevamos o reinventarnos y transformarnos utilizando esa excepcional cantidad de recursos, pero habrá que hacerlo desde una transparencia que permita a la ciudadanía no solo confiar en la aplicación de los recursos sino en su participación activa en las decisiones, en proponer nuevas ideas; en universidades estatales que sean luz, investigación, innovación que se transforme en emprendimiento y en patentes y en negocios exitosos que trasciendan fronteras.

Campeche, cuna de grandes pensadores y reformadores, Campeche que alguna vez fue considerado la Atenas del Golfo por la gran cultura de sus habitantes, Campeche que fue tan brillante que fue codiciada por piratas y corsarios.

Campeche y su encrucijada donde el gobierno no podrá solo, donde los ciudadanos no podremos solos, donde todos en el estado no podremos solos y necesitaremos de la Federación, de nuestros vecinos nacionales e internacionales, donde todos podemos remar hacia un mismo destino de grandeza o mandarnos al cuerno para que en nuestra arrogancia y soledad nos hundamos de uno en uno exhalando en un último suspiro un absurdo “hubiera”… hubiera hecho, hubiera dicho, hubiera confiado, hubiera tendido la mano, hubiera auxiliado a mis semejantes, hubiera perdonado, hubiera dado, hubiera, hubiera, hubiera… el absurdo hubiera.

Campeche está en una encrucijada de grandeza o mediocridad, espero de todo corazón y con todo el amor que le tengo a esta tierra que el hubiera… no exista.