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En los días que se viven, los políticos parecieran tener la piel muy sensible. A todos les molesta que se les recuerde sus orígenes, sus relaciones y cómo éstas van moldeando sus propias historias.

En Campeche, todos lo sabemos, todos tenemos parientes que quizá no sean cercanos o lo son tanto que sus acciones terminan por hacer creer que son una influencia sobre los otros.

La polémica generada por las declaraciones de Nelly Márquez sobre el “complot” que están armando Juan Carlos del Río y el senador Lavalle para dañar a su partido y favorecer al PRI pareciera una argumentación demasiado básica para ser cierta.

En Campeche hemos visto amigos de infancia competir por el mismo cargo, familiares haciéndolo y hasta hermanos que militan en diferentes partidos: los Baqueiro, los Ortegón, los Del Río, los Escalante, los Azar.

Hasta en Coahuila vemos el pleito entre los Moreira y si nos apuramos la lista podría crecer ad infinitum.

La incongruencia en lo que sucede en Campeche es que haya quien señale que por la llegada de un hermano u otro a otro partido necesariamente hay un complot. En el PAN lo que sucede no es que los quieran dañar para entregárselo a quien ya lo tiene sino el pleito por quien lo maneja y quien se beneficia. Quién lo entrega, pues.

Es en eso en lo que deberíamos de centrar nuestra visión.

En la política, que nos quede claro, los que están nos venden o pretenden vendernos que están en ello para servirnos y no, eso no es tan así. No veo a ningún político viviendo mal o haciendo sacrificios por los ciudadanos. Hay quienes trabajan mejor y son más inteligentes para hacerse notar y dar resultados, pero también hay los vividores que han convertido a su militancia en su modus vivendi, así de simple.

Los políticos militan donde les dan posiciones o donde les conviene estar para tener presencia o ser tomados en cuenta. ¿Cuántos políticos conoce ud. que nunca se imaginó se convirtieran en ello?

No nos equivoquemos: a la política te meten y te sacan y la mayoría de las veces sin tener que pedirlo o en contra de la voluntad del propio político.

Lo que asistimos sucede en el PAN es vergonzoso porque, por un lado, un senador de la República plurinominal -primera minoría, le llaman- llegó al cargo sin tener antecedentes electorales precisamente porque nunca había construido una vida política electoral.

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A diferencia de Juan Carlos del Río que fue una verdadera sorpresa electoral pero luego decidió no volver a intentarlo, Lavalle está haciendo el ridículo al insistir en presentar una queja que le han tumbado ¡17 veces!

La torpeza les impide ver más allá. Por un lado, las que tienen el partido no entienden que Lavalle sólo se exhibe y acredita que o no sabe cómo integrar un expediente o, de plano, no entiende que para poder acusar se tiene que probar y en eso de demostrar la queja pues no ha podido.

Nadie dice que haya habido una pulcritud electoral en la selección de la dirigencia, pero aunque les moleste, si les hicieron trampa no han podido probarla y entregar la computadora de un fallecido, que nunca estuvo bajo resguardo oficial pues es menos que una temeridad porque nadie garantiza que las “evidencias” las haya colocado ahí el propio quejoso.

Lavalle en lo personal tiene que entender dos cosas: él ya no vive siquiera en Campeche, no tiene presencia social que lo ayude a ganar una elección, pero -sobre todo- si desea sostener su militancia panista más obtendría siguiendo en México donde ha hecho una carrera y tiene amistades en posiciones de privilegio.

En Campeche se tiene que dar una lucha para que los panistas que quieran quitarle el partido a quienes hoy lo detentan lo logren con trabajo, con presencia, pero pareciera que no lograrán mucho mientras la dirigencia local tenga el apoyo del PAN nacional y no haya mucha inteligencia para combatirla.

Lo que tienen que reflexionar es si los panistas están conformes con tener una dirigencia que no apoya a quienes ganan, a quienes no se cuadran, a quienes no se pliegan. Lo que pasa en Carmen es grave, la ausencia de apoyo del partido, la falta de liderazgo en el Congreso, pero la reflexión también tiene que ver con elegir candidatos que representan otros intereses y se pliegan al gobierno en la primera oportunidad.

Gente que no se vaya a la primera negativa o que no se venda al primer cañonazo.

Lo que falta es congruencia, compromiso, pero también un poco de humildad y mucho de deseos de servir, porque servirse del PAN vaya que todos han sabido hacerlo y muy bien.