JOSE SAHUI TRIAY

Pareciera que lo hasta ahora hecho con motivo de la Reforma Educativa en favor de alcanzar una educación de calidad fuera poco. En un tiempo demasiado breve ante el tamaño tan grande del problema a enfrentar, de un olvido de muchos años de atención oportuna y adecuada a las fallas de un sistema educativo colapsado desde hace mucho tiempo atrás en lo que se refiere a resultados de calidad, es obvio que las acciones que la SEP tomó desde el principio de la aplicación de la Reforma Educativa se han venido dando sistemáticamente.

Existe ya un nuevo Modelo Educativo próximo a recibir, en la práctica, una más justa valoración de sus propósitos y de la calidad y efectividad de sus contenidos. Las evaluaciones a los docentes, si bien en un principio recibieron el rechazo de cierta parte del magisterio, el trabajo de sensibilización de las autoridades educativas, y una mayor y mejor difusión de los porqués de estas evaluaciones, permitieron que a la  fecha se observe una participación cada vez mayor de maestros evaluados. Los medios de comunicación de manera continuada han dado a conocer avances, tanto en lo relacionado con las dirigencias sindicales de los maestros, el apoyo de los gobiernos estatales; la revisión de planes, programas y contenidos educativos; del diseño y aplicación de programas de capacitación y actualización continua al magisterio; de reconocimientos y de estímulos a los maestros con mejores desempeños docentes…

Insisto, lo hecho hasta ahora merece reconocimiento; lo anterior de ninguna manera significa dar como un hecho consumado que con ello se solucionen “ de golpe y porrazo “ una problemática educativa tan compleja y grave a la que el mucho tiempo de no atenderla con efectividad había hecho crecer con desmesura.

Nada puede rendir frutos inmediatos, mágicos, tan solo porque exista buena voluntad para ello. Los procesos para lograr esas respuestas son siempre a mediano y largo plazo. Son acciones continuadas que se dan gradualmente, sin saltos espectaculares, ya que estos solo se prestan al manejo de ilusorias realidades que prontamente, por carecer de solidez, se desploman.

Pues bien, a todo lo anterior, que es bastante significativo de un esfuerzo conjunto de maestros y autoridades educativas, le agregamos una estrategia nacional de inglés con la que se pretende dentro de 20 años todos los alumnos que egresen de la educación obligatoria hablen ese idioma, con un nivel de intercambio avanzado.

Sin  lugar a dudas ese propósito no solo es justificable, sino necesario en estos tiempos de globalización en que el aprendizaje de ese idioma se convertiría en un valioso recurso de apoyo en los programas de estudio actualizados, dinámicos, que la Reforma Educativa ha dispuesto como columna vertebral del proyecto educativo mexicano, de calidad.

Interesantes las palabras que al respecto manifestara Aurelio Nuño Mayer, Titular de la SEP: “ Buscar que todo México hable inglés es una política de equidad, inclusión y de justicia, pues el inglés, tiene que ser tiene que ser parte del derecho a una educación de calidad “.

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El compromiso de la Administración del Presidente Peña Nieto, llevado a la práctica por la SEP con el apoyo de los gobiernos estatales es sin duda, por su trascendencia, merecedor de reflexiones a fondo de sus porqués, sobre todo de su puesta en marcha en estos momentos tan coyunturales que vive el país.

Asumir, más allá de la mitad del sexenio de gobierno un compromiso de la magnitud de esta Reforma que literalmente hace a un lado formas tradicionales a las que la modernidad había desfasado ya, no es tarea fácil; al contrario, las resistencias al cambio por las obligaciones de actualización que conlleva; los cotos de poder que desaparecen ante el empuje de una modernidad educativa y una conciencia social cuya abierta crítica no permite más la existencia de estos, es una alentadora señal de aceptación, no solo de los maestros, sino de la sociedad entera. Esto, habría que pensarlo, compromete a no fallarles a los mexicanos en esa intención  que todos esperamos se convierta en realidad, de lograr una educación de calidad en beneficio de esos cientos de miles de niños y jóvenes mexicanos que se merecen una formación que responda a los reclamos de una modernidad que exige de los mejores.

Asumir, históricamente, ese compromiso de lograr una educación bilingüe, Inglés – Español, merece al mismo tiempo de un reconocimiento por esa decisión que tanto podría fortalecer, y complementar, el programa educativo mexicano, en especial de la Educación Básica, también de una profunda reflexión acerca de las estrategias y apoyos para hacer de ese propósito un ejemplar logro. El “ banderazo “ de salida de esta nueva estrategia de la SEP se ganó las notas principales de los medios de comunicación. No habrá que esperar 20 años para saber el sí o el no de su valía. Cada día, mes y año, la Reforma con sus particularidades, y en especial ahora, con el inglés, el universo de evaluar por parte de la sociedad, habrá de poner a prueba cada avance o fracaso que se den en un camino que apenas se inicia en recorrer y que obliga a superar los retos que seguramente en su trayecto se habrán de encontrar. 20 años, habría que no olvidar, son poco más de tres sexenios en que la continuidad de este proyecto descansa la factibilidad de su éxito.

Las normales mexicanas revisten en todas esas buenas intenciones de mejoría en la calidad de la enseñanza, importancia fundamental. La revisión y actualización de sus programas y planes de estudios; el mejoramiento de su planta académica, y ahora con la nueva estrategia de la enseñanza del inglés, hacen obligado por parte de la SEP, no solo recursos para la contratación de personas con perfiles adecuados, no solo en el dominio del inglés, sino en el conocimiento pedagógico para su enseñanza. Hoy por hoy, las escuelas formadoras de maestros merecen junto con apoyos, un seguimiento puntual de sus acciones.