Atraparon a Duarte en Guatemala gracias a la última pista del viaje particular contratado por sus familiares y el seguimiento que le dio la Policía Federal, la comunicación con el Cisen, PGR y la Interpol para llevarlo a buen término. Sin embargo, atrapar a Duarte se presenta como un “pierde-pierde”: si no lo atrapaban se tardaron, si se atrapaba (como sucedió) es porque estaba pactado, porque era necesario para las elecciones del Estado de México, porque era una caja china, etc…

El punto es que cuando dudas de las autoridades, lo que se haga, sea lo que sea, es cuestionable; es complicado confiar en que las cosas se hicieron de manera correcta cuando vemos en una sí, y otra también, elementos que nos hacen dudar.

Es en todo sentido: si te roban y vas a denunciar te la hacen cansada, titánica, estresante, no basta con que perdieras bienes, tendrás que perder tiempo y esperar y rogar que suceda lo mejor en cuatro meses para ver si de casualidad aparecieron tus cosas.

La desconfianza es producto de la impunidad y esta de la corrupción y aunque suene a frase publicitaria “la corrupción somos todos”.

Un caso de este tipo es lo que sucedió en Yucatán. Una empresa de cable con señal en Cansahcab, Yobain, Dzizantún y Temax se le hizo muy fácil comprarse unas antenas de Dish y transarse la señal de los canales premium y meterlos en su barra de programación; va, chido por los usuarios que pagaron menos que la competencia y tenían más canales, pero de inicio viene viciado, viene de un acto de piratería o mejor dicho de corsario, pues al tener la concesión de Ifetel es como tener patente de corso. El caso es que cuando se denuncia y lo catean les clausuran. Todo bien ahí, el visitador de Ifetel, los MP de la PGR, las autoridades estatales y municipales en la misma frecuencia (ad hoc) y de repente, ¡zas! Abren otra vez y siguen transándose la señal, pero no conformes con eso le cierran a la competencia que tiene todo en orden en sus días más importantes al aumentarles el costo de la licencia municipal de funcionamiento, sin aviso, sin carta, sin nada que les dé forma de defensa y al acercarse a las autoridades el cambio de actitud, de la ayuda y el apoyo a quien está con todo en regla al hacerse pato para beneficiar al que hace las cosas de manera incorrecta. Este tipo de cosas son las que nos ponen en una situación de incredulidad, de desconfianza, de injusticia, pues pareciera que aquellos que son los que deben mantener todo en regla ponen trabas para que esto suceda.

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Las acciones correctas como la captura de Duarte se diluyen entre cientos de otras en las que no pasa nada, en las que la víctima es victimizada mientras el victimario es protegido o, al menos, dejado de lado mientras el afectado da vueltas y vueltas y más vueltas dedicando tiempo para que no vea un resultado esperado y mucho menos inmediato.

La confianza se gana poco a poco y se pierde en un instante, eso lamentablemente le sucedió a nuestras autoridades y para recuperarla hay que empezar a reconstruirla con acciones concretas e inmediatas. Por ejemplo, Duarte fue atrapado, ahora falta que la justicia se haga manifiesta, que se devuelva lo robado, que pague por lo hecho y por la omisión. En el caso de la cablera de Yucatán, piratear es robar y si las autoridades lo permiten serán cómplices. En las casas robadas en nuestra ciudad en las que esperamos resultados, en un sinnúmero de actos que han sido denunciados y que aún no hay resultados. La confianza se puede recuperar pero para lograrlo se deben tener resultados inmediatos, sólidos y lo más importante, justos, transparentes y veraces.