LA CONTIENDA. En agosto del 2018, Genaro Morales Rentería, dirigente nacional de la Corriente Crítica del PRI anunció que buscaría la presidencia del CEN en 2019. Hace unos días anunció el respaldo de su organización a Alejandro Moreno Cárdenas.
Con presencia en 20 estados del país, esta organización aportaría unos 40 mil votos al gobernador campechano. En el PRI, para bien o para mal, todo el mundo vale por lo que dice que vale, es poco probable que, en una elección abierta a la militancia, cada sector o grupo pueda demostrar su eficiencia electoral.
En dos de los 20 estados en los que tiene presencia, las dirigencias estatales de Tabasco y Chihuahua manifestaron el respaldo a Ivonne Ortega. Los otros 18, donde hay presencia de la Corriente Crítica, los tendría Moreno Cárdenas.
En camino a la convocatoria, y para atender la elección y las dudas de los interesados en contender, el PRI creó una Comisión de Seguimiento del proceso, que encabezan el secretario general, Arturo Zamora, y el secretario de Elecciones, José Reyes Baeza. Un primer acuerdo apuntaría a que se mantenga que los aspirantes deberán presentar tres apoyos, ya sea de al menos 20% de los consejeros nacionales, de la estructura territorial del partido, o de los sectores.
Ulises Ruiz será el encargado de hacerle difícil el camino a Alejandro Moreno; el oxaqueño, que tiene muy poca aceptación en su estado natal, busca empedrar la elección interna; dirá lo que Manlio Fabio Beltrones no quiere que diga José Narro, y buscará usar a Ulises, como hasta ahora, para dinamitar las aspiraciones del campechano. Ulises está consciente que su papel será tratar de concentrar en su persona a los priistas más descontentos con lo que ha sucedido en el partido.
Ivonne busca empoderar a las mujeres, Ulises llama a refundar el partido, Narro a revitalizarlo y Alejandro a una profunda transformación. La verbalización de la elección interna será determinante, y en los búnkers la pregunta más útil será ¿cómo encantar a los militantes?
El PRI y los priistas son impredecibles, las alianzas estarán, y están, en el centro del debate, y el tiempo empieza a ser decisivo. ¿Qué se avecina? Una lucha sin cuartel por el control del partido. Un triunfo de Alejandro no será un milagro, pero sí una sorpresa. Lo que se juega no es poco, y Beltrones, Emilio Gamboa y Osorio Chong defenderán con las garras lo que creen que les pertenece vitaliciamente.
¿Negociar? ¿Acordar? En estos términos, y en este contexto, también resulta costoso políticamente. Si Alejandro acepta garantizar las candidaturas y posiciones a Silvana Beltrones y Pablo Gamboa a cambio del apoyo de sus padres, enviará el mensaje de que en poco habrá cambiado el PRI. Lo que está en sus mesas de juego es el futuro de sus hijos, y no necesariamente el del partido. Narro es un militante poco identificado con el PRI, pero garantizará confort a las cúpulas. Se tiene en contra así mismo, y lo que él representa.

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LA LLEGADA. Pareciera, a juzgar por los hechos, que la licencia que solicitará el gobernador Alejandro Moreno será un hecho. Analizando los tiempos del partido, abril será decisivo. Hoy no hay dudas de quién sería la propuesta para ocupar la gubernatura interina. El secretario de gobierno, Carlos Miguel Aysa tiene todas las oportunidades de pasar a la oficina de enfrente, a la otra ala del cuarto piso del Palacio de Gobierno. ¿Y qué? Hay preguntas sobre qué pudiera ocurrir después. No llegan a convertirse en preocupaciones, pero hay algunos inquietos.
Aysa ha sido una mano dura al interior del gabinete. Por responsabilidades propias de la Secretaría de Gobierno, ha puesto prioridad en los asuntos externos para mantener la gobernabilidad. ¿Su agenda incluirá cambios en el gabinete? Posiblemente sean necesarios. Enviará un mensaje de ajuste, de ajuste y también de autoridad. Habrá algunos cambios naturalmente espontáneos. Aysa González heredará un cargo, pero no será prestado. Su estrategia, y la agenda personal y pública, tendrá que marcar diferencias, para demostrar que no es una sombra. Adecuar su rutina y resetearla.
Le corresponderá asumir una responsabilidad que implica un poder que pocos han podido conocer. También lo ubicará en el ojo público, de frente, en primera persona, y para aguantar semejante atención, necesitará tener la piel gruesa. Aysa ha tenido desde 1994 a la fecha más de 15 responsabilidades en la administración pública, si de algo no se le puede señalar es de ser ingenuo.
El 60% de los campechanos no ha vivido una gubernatura interina. La última, hace más de cuatro décadas (1973), fue cuando Carlos Miguel Aysa apenas tenía 23 años y cursaba su licenciatura en Derecho en la Universidad La Salle en México.

REPERTORIO.
-“No voy a responder a algo que se puede aclarar fácilmente”, y tiene razón, para qué tirar piedra a cada perro que ladre.
-Habla mal de él, más tarde lo invita a una reunión con un grupo cercano, y lo hacen pagar la comida. Elegante.