El presidente López Obrador ha retomado las conferencias mañaneras como las que hacía cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

En esa época le dieron muy buenos resultados y fue un distintivo de su gestión. Todos los días marcaba la agenda de los medios de la ciudad y de algunas cadenas nacionales de radio y televisión.

Esa presencia diaria en los medios lo convirtió en un personaje nacional. A partir de esas conferencias comenzó a construir su candidatura a la Presidencia de la República.

Del inicio de esa práctica han pasado ya 18 años. En estos tiempos, que son otros, está por verse si como está la reditúan los mismos beneficios políticos y mediáticos del pasado.

Si mantiene ese ejercicio diario, a lo largo de su mandato, va a dar cinco conferencias a la semana, 20 al mes, 240 al año y 1,440 en los seis años de su gobierno.

En el caso de que éstas duren una hora en promedio serán cinco horas de conferencia a la semana, 20 horas al mes, 240 horas al año y 1,440 horas en el sexenio.

Va a ser una exposición muy grande que puede resultar atractiva para los medios y la sociedad, pero también convertirse en algo rutinario y cansado.

Una de sus más importantes funciones, en el marco de la transparencia y la rendición de cuentas, es responder a las inquietudes y cuestionamientos de la prensa y a través de ésta a la sociedad.

El portavoz, en estos casos, no sólo posiciona los temas que interesan al gobierno sino que se prepara para hacer frente a todas las preguntas que pueden hacer los periodistas que asisten a las conferencias.

Nunca es el jefe del gobierno quien de manera cotidiana da las conferencias sino un funcionario, un profesional de la comunicación, que tiene la responsabilidad de todos los días dar la cara por el gobierno.

En las democracias donde existe el portavoz se asume que el jefe del gobierno no es quien realiza esa tarea por una razón fundamental: la conferencia no es el espacio para que el titular del Ejecutivo se promueva.

Los medios rechazan entrar a ese juego. Lo que exigen es la presencia de un funcionario de alto nivel que a nombre del gobierno les informe y responda a sus preguntas.

Espero que la nueva administración, como ocurre en las democracias más desarrolladas, establezca la figura institucional del portavoz con la responsabilidad de dar una conferencia diaria.

Esta figura no es el jefe del gobierno sino un funcionario, el encargado de la comunicación, que proponga la agenda y los temas del gobierno, pero también responda a las inquietudes de los medios.