Justo cuando en 1517 Francisco Hernández de Córdoba ponía sus pies en la playa del hoy barrio de San Francisco, el fraile agustino Martín Lutero pegaba en la Catedral de Wittenberg sus 95 Tesis que daban origen a la Reforma Protestante.

Esos son los ‘otros’ 500 años, los que no se ven, los que no se dicen pero representan a un gran sector de la población: el credo, los valores morales, la ética y el estilo de vida de 135 mil campechanos están ligados a ese acontecimiento ocurrido hace cinco siglos.

Con una errada idea y en total desconocimiento de nuestra historia, muchos piensan que los protestantismos, que aquí denominaremos como Iglesia Evangélica, crecieron al amparo del expansionismo norteamericano de los siglos XIX y XX. Falso. De hecho, poco después de que la Niña, la Pinta y la Santa María sucaran el Atlántico junto con Cristóbal Colón hacia las Indias, la diáspora protestante europea hizo a la mar a todo tipo de navegantes, aventureros, comerciantes y buscadores de nuevos horizontes que llevaron consigo mercancías, ideologías, filosofías y religiones. Campeche, puerta de entrada a la Península de Yucatán y el segundo puerto más importante de la entonces Nueva España, sólo detrás del de Veracruz, fue precisamente receptor de esos viajeros y de esas ideologías.

Al mismo tiempo que el fraile franciscano Luis de Villalpando emprendía a partir de 1540 la evangelización de los mayas campechanos y fundaba iglesias y conventos, en forma subrepticia se iban introduciendo las primeras expresiones del credo evangélico que no podían hacerse públicas so pena de ser acusados de herejía y ser llevados a la picota, tanto por profesar una fe distinta a la refrendada en la Contrarreforma como por simpatizar con las nuevas religiones adoptadas por naciones enemigas de España. A lo largo de los tres siglos coloniales e incluso después de que México se convirtiera en una nación independiente, la Iglesia Evangélica fue perseguida o al menos prohibida, y pese a ello durante todo ese tiempo los protestantismos fueron dejado rastros en nuestra historia.

En este 2017 también conmemoramos los 160 años del inicio del movimiento que dio origen al Estado Libre y Soberano de Campeche, lo que pocos toman en cuenta es que el Estado liberal mexicano, que alcanzó su corolario con la Ley de Libertad de Cultos de 1860, heredó al recién constituido Estado de Campeche, un año después, los principios liberales recién conquistados y con ello dejó todo listo para la libre inserción del credo evangélico, evitando así que aquí se tuvieran que encarnizar las sangrientas guerras decimonónicas secularizadoras que vivió el país en la segunda mitad del siglo XIX.

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Pero la llegada, instalación y sobre todo propagación de la Iglesia Evangélica en Campeche no fue nada fácil. Sólo fue hasta 1901, cerca de 400 años después de la llegada de los primeros navegantes que profesaban el protestantismo, 100 años después de la independencia nacional y 40 años más tarde de la Ley de Libertad de Cultos, cuando se estableció formalmente el primer templo evangélico en la ciudad: la Primera Iglesia Nacional Presbiteriana de México, cuyo edificio sigue en funciones religiosas casi justo frente al monumento en que se erigió la columna dedicada a la primera misa y a cuya inauguración asistió la primera plana de la sociedad y de las autoridades civiles de aquel entonces.

Hoy los protestantismos campechanos presbiterianos, bautistas, luteranos, pentecostales,- hacen un gran esfuerzo por agruparse y mostrar un frente común bajo las siglas de la Comunidad Evangélica del Estado de CampecheA.C. Allá quienes no vean la fuerza social y política que ellos representan.

RESBALONES

Quien anda muy ‘sacalepunta’, dicen, diiiicen, es la presidenta estatal del PAN, Yolanda Valladares, quien hace unos días dijo en charla posterior a su conferencia de prensa que se iba a “carcajear” de los priístas cuando candidatearan a un “expanista”, que fue como calificó a José Antonio Meade Kuribreña. A quien habría que darle el premio al Mérito a la Enfermería Campechana es a la diputada Martha Albores Avendaño, enfermera de profesión, quien en vez de mandar a consultar a los contagiados con el brote de conjuntivitis se limitó a recomendarles que se apliquen unos pañitos de té de manzanilla en los ojos como el remedio más efectivo contra la enfermedad.