Raúl Sales Heredia

Me llegó el recibo de luz, vi la cantidad, levanté la mirada y me fijé en el aire acondicionado. Lo apagué. El calor podría tolerarlo, el golpe a la cartera ya estaba dado, bien puesto pero quizá en dos meses, si el sudor de mi frente se conjugaba con el sudor del calor, ya no sudaría para ver cómo pagar el recibo de la empresa de clase mundial.

Estoy de acuerdo en que el servicio hay que pagarlo, pero en un clima como el nuestro nuestra la tarifa debería ser más baja pues los ventiladores y los aires acondicionados no son un lujo, son una necesidad.

Recorro la casa, veo que tengo focos led, mi refrigerador no es el de más alta eficiencia (no alcanzaba para ese) pero tampoco es el de mayor consumo. No tengo conectados los cargadores de teléfonos, me siento en la cama pensando qué es, por qué estoy pagando esa cantidad de luz si estoy tratando de moderar el consumo. No tengo respuesta.

Suspiro, cuento y vuelvo a contar, separo los billetes de 500 y me voy al cajero automatizado de la comisión. Introduzco dolorosamente los billetes mientras siento cómo se adelgaza el pedazo de cuero que llamo cartera, pero bueno, se supone que consumí esos cientos de kwtts así que no hay nada más que hacer: pagar y ya.

Ojalá pudiera poner paneles solares pero siguen siendo prohibitivos, así que solo me queda reducir mi consumo, pero ya no sé cómo si ya hice todo lo humanamente posible y el horario de verano no ayuda, una hora de sol es una hora más de calor, una hora más de ventilador o aire acondicionado.

Llevamos una cantidad impresionante de promesas de que se legislará para bajar la tarifa pero por alguna razón incomprensible no sucede, seguramente es porque como la brisa de mar nos baja un poco la temperatura no llegamos a la máxima, quizá por eso es que se están eliminando los árboles de los camellones, así tal vez suba la temperatura para que se pueda… No, eso no puede ser posible.

El costo de la luz debería haber bajado con la Reforma Energética, quizá más adelante, quizá, quizá lo que se busque es que nos volvamos románticos y a la luz de las velas salgamos nuevamente a la puerta de nuestras casas a recibir la brisa mientras decimos “vayabieeeem” a los que también están caminando disfrutando el fresco de las tardes.

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La temperatura de nuestra ciudad ha aumentado, eso es un hecho, tiene que ver el calentamiento global, es cierto, también tiene que ver el crecimiento de nuestra mancha urbana, pero quizá con esta muy buena propuesta de convertirnos en ciudad sustentable podamos reconvertirnos, sembrar más áreas verdes de carácter público, proponer techos verdes para aquellos nuevos fraccionamientos que podrían ser una opción no sólo para bajar la temperatura de las casas sino de todo nuestro entorno, quizá si hubiera más calles arboladas el andar en bicicleta no se convierta en un suplicio debido al raja de sol sino en un placer de paisaje mientras transitas bajo el juego de sombras y colores de flamboyanes y lluvias de oro. Tal vez en unos años veamos una pequeña turbina eólica en cada hagar conectada a nuestro refrigerador y un pequeño panel solar sobre las unidades exteriores de los aires acondicionados conectados directo mientras nos tomamos una chaya con piña en nuestro techo, en nuestro jardín superior. Quizá, eso permita que nuestro consumo de luz sea menor, que nuestra ciudad sea verde, que nuestro hogar sea un refugio de los días donde nuestro sol caiga a plomo pero donde sonreiremos pues ese mismo sol hará que nuestros equipos que refrescan nuestro hogar funcionen.

Ojalá tuviera los conocimientos o la habilidad manual para hacerlo por mi cuenta, pero si somos los suficientes, quizá logremos que cuando se realice una licitación para que nuestro alumbrado público sea solar, se le pida a la empresa que gane que genere una posibilidad de crédito a bajo interés para que cualquier ciudadano pueda pedir su panel y se beneficie de manera directa e indirecta.

Mientras sueño mis sueños guajiros, veré el aire acondicionado apagado, mi refrigerador cerrado en mínima temperatura y aguantaré lo más que pueda antes de que el calor me haga decidir si muero de calor o del susto del siguiente recibo bimestral…