Ciudad del Carmen ha tenido transición política desde el año 2000. Ahí han gobernador priistas y panistas pero la realidad es que no ha habido una gran diferencia en la forma como la isla y su entorno ha administrado sus bienes y de sus pobladores.

Desde Sebastián Calderón Centeno hasta Pablo Gutiérrez Lazarus pasando por Aracely Escalante y Enrique Iván González López.

En 18 años, los carmelitas han pasado de vivir en el primer municipio productor de crudo del país al primer municipio en tasas de desempleo y de decrecimiento económico.

¿Han tenido responsabilidad los gobiernos municipales de cómo le ha ido a Carmen en el tema económico?

Los alcaldes de la isla han sido responsables de no encontrar y no promover opciones económicas en la isla, pero es muy difícil que un alcalde sea promotor de empleo si no tiene esa visión de promover la llegada de empresas, de dar facilidades para el pago del impuesto predial, de no dar opciones, pero también es verdad que el territorio de una isla es muy limitado pero no necesariamente el desarrollo tiene que estar ahí porque también hay zonas continentales.

La molestia social de los carmelitas tiene que ver con la falta de opciones: dejaron el camarón porque llegó Pemex y ahora que Pemex no es opción el camarón resulta que tampoco puede definir la economía local.

El voto del primero de julio de 2018 definirá quién gobierna este país y quienes son los responsables por tres años de los once municipios de un estado que realmente necesita detonar opciones económicas.

En Ciudad del Carmen los neo panistas que llegaron al gobierno no sólo se dedicaron a administrar y a pactar con Pemex para lograr sus propios beneficios sino que recurrieron a las mismas mañas de las que se quejaban cuando gobernaba el PRI.

Aracely Escalante recuperó la isla para el PRI y logró, hay que reconocerlo, que su gobierno fuera ejemplo nacional no sólo por el manejo responsable de la deuda sino también por su capacidad de negociarla. Pagó buena parte de las sentencias desfavorables a la Comuna, negoció con el IMSS, con el SAT, con Infonavit y saneó las cuentas públicas.

Sin embargo, el golpeteo político promovido en su contra desde la Secretaría de Gobierno impidió no sólo informar sobre estos temas sino hizo circular rumores y más comentarios sobre una mala gestión. Además, Enrique Iván González usó en su discurso agresiones contra su correligionaria responsabilizándola de todos los problemas municipales que él resolvería.

Los carmelitas están decepcionados de su alternancia. Pablo Gutiérrez parecía ser la opción luego del desencanto de Enrique Iván, pero simplemente el joven presidente no pudo con el cargo, se rodeó de gente nefasta que sólo usó para sus intereses personales y familiares.

El PAN ha postulado a puros ex priistas para sus candidatos: José Ignacio Seara, Jorge Rosiñol Abreu, Sebastián Calderón Centeno quienes dejaron ver poca diferencia entre sus antecesores y sus sucesores. Gutiérrez sería quizá el único alcalde no priista de origen, pero abandonado a su suerte por la dirigencia de su partido.

Hoy, en la elección que viene, los carmelitas tampoco tendrán mucho de donde escoger: Morena postularía a un delincuente sorprendido cuando contrabandeaba camarón blanco actividad que lo llevó a prisión en Nicaragua y varias denuncias en México para él y su familia.

El PAN pretendió postular a Jorge Rosiñol Abreu cuya familia ha gobernado la isla hasta en cuatro ocasiones y es el responsable directo del contrato con la empresa de recoja de basura que demandó al municipio y cuyo contrato no sólo daña a la administración municipal sino que también dejó ventajas económicas al entonces edil.

Ahora el PAN decidirá entre Gutiérrez, que repetiría, y Jorge Nordhausen Carrizales cuyo padre falleció recientemente. Dos de la élite, sin considerar a Facundo Aguilar, n panista de a pie, de la zona rural y de las colonias de la isla.

Sólo Oscar Rosas tendría un pasado sin polémica. Sólo Oscar Rosas tiene y ha tenido militancia tricolor. Ojalá le alcance para ganar, pero el panorama en la isla no permite vaticinar un buen futuro.