Comunicar no solo es una obligación de quienes por sus responsabilidades tienen el deber de hacerlo. También es un derecho de todos a los que esa información debe llegar, cuando se dé, oportuna y clara.

Cuando la comunicación no se establece y se hace como que se informa, y por el otro lado se hace como que se cree, el vacío de la realidad es riesgosamente llenado por quienes a la espera de esos errores aprovechan manipular las noticias a sus muy particulares intereses.

Si antes era difícil establecer políticas eficaces de comunicación a través de los medios tradicionales, ahora con las redes sociales el problema se agudiza.

La modernidad y los inquietantes vaivenes de sus cambios tan continuos y evidentes, muestran un siglo XXI marcado por el sello inconfundible de una sociedad, en todos sus sectores, que ya no se conforma con ser objeto de los acontecimientos, sino sujeto decidido, parte sustantiva de ellos.

Los vacíos informativos sobre lo que se hace y se dice son cada vez más escasos. Sobre todo por la lluvia intensa, casi diluvio informativo que a cada instante se genera no solo en nuestro país, sino en el mundo entero, pues enriquecen el conocimiento, la visión y el juicio crítico de los usuarios de los medios tradicionales y de las redes sociales. También y muy delicado esto, la técnica del rumor, que parecía estar en desuso, vuelve hoy ante un escepticismo producto de una falta de información clara y oportuna, a ser instrumento de uso desestabilizante.

Hoy más que nunca, la sociedad entera reclama de aquellos que tienen la responsabilidad de velar por ella, que antes de tomar decisiones cruciales para atender sus necesidades, primero se le informe y tome su opinión al respecto.

Cuando así no sucede, pese a las mejores intenciones que se tengan, se da lugar a una serie de especulaciones que alimentadas por una habilidosa aplicación de rumores desestabilizantes despierta, aunque no se quiera, dudas.

El tiempo presente desborda ya, por la prontitud y oportunidad con que la noticia llega a sus distintos receptores, aquellas tradicionales políticas de comunicación de boletines informativos que describían al estilo de cada quien lo que se quería decir, y como.

La prensa, radio, y TV, aun cuando continúan teniendo un muy importante lugar en cuanto a la transmisión de todo lo que acontece, se han visto obligadas a una revisión de sus estrategias informativas ante la impresionante escalada y penetración de las redes sociales cuya presencia y peso, como generadoras de opinión, son indiscutibles.

Las noticias han dejado de ser incógnitas de hechos que solo se discutían después, siempre después que estos acontecían. Hoy, en el mismo momento que un suceso acontece, de inmediato, al instante, los usuarios de las redes sociales que cada día se multiplican más, tienen información e incluso imágenes.

A diferencia de los medios tradicionales cuyos procedimientos se sujetan por su manejo profesional, a una certificación más cuidadosa de lo que se da a conocer, por el contrario las redes sociales por su inmediatez y porque todo aquel que quiera con tan solo tener un teléfono celular tiene la facilidad de enviar al aire, y llegar a universos vastísimos de auditorios que a su vez pueden retransmitir lo que reciben, tienen poca confiabilidad. Con ello se aumenta así geométricamente la cantidad de quienes en tan solo un breve instante son informados de un suceso que pudiera ser, por su premura, falto de veracidad.

Ir a destiempo de esta revolución que los sistemas informativos viven hoy, está ocasionando como en todo proceso modernizante que tiene lugar, tropezones dolorosos en el aprendizaje de cómo vivir ahora y aprovechar toda esa tecnología tan impresionante cuyo impacto aun, dicen los expertos en esos menesteres, no se puede cualificar, ni cuantificar sus efectos.

Hacen un alto en el camino; procurar un balance de lo hasta ahora logrado o no en materia de comunicación, y sus consecuencias, podría ser de gran utilidad para la estructuración y puesta en práctica de un programa integral de comunicación social tanto para el sector público y privado.

Profesionales talentosos de la comunicación, con conocimiento profundo del presente y con visión de futuro serian elementos valiosos en el diseño y puesta en práctica de ese proyecto que permitiría, con mejores sistemas informativos, recuperar la credibilidad.