Dicen por ahí que éstas han sido las campañas más sucias, las de más señalamientos por un bando o por el otro, y ello, en el enrarecido ambiente en que nos encontramos, no sirve para apaciguar ni para cambiar lo que ya parece inamovible. Cierto, la última palabra la tenemos nosotros, el día de la elecciones debemos salir a votar para tener la certeza de que nuestra decisión se mantiene. Dirán algunos que esto no es cierto, que se preparan masivos movimientos o estrategias de dudosa (inexistente) ética para influir en la votación. Puede ser, eso no se duda y no obstante, mientras mayor sea el número de votantes, menor será la posibilidad de que agentes externos influyan o modifiquen el resultado.

Nuestra democracia es aún joven se diga lo que se diga; es frágil se diga lo que se diga; y nuestra participación ciudadana es, hasta el momento, solo de un día… se diga lo que se diga.

Debemos cambiar y evolucionar como sociedad, debemos de hacerlo hacia una ciudadanía activa y para eso debemos, como primera medida, vigilar que se respete nuestro derecho a elegir a nuestros servidores. Sin apasionamiento pues, sin importar el partido de tu preferencia, la defensa del voto es indispensable y sin importar quien gane, ese será el primer paso para transitar hacia un verdadero gobierno del pueblo. No es un partido de fútbol, no es amor a la “camiseta”, es nuestro país y sin importar quien gane, deberá rendirnos cuentas, es en esa parte en la que nos confundimos, nuestros gobernantes, nuestros representantes, deben de hacer a un lado su filiación de origen pues en el momento de ser votados dejan de servir a sus partidos para servir a México. Esto no es un sueño guajiro como suelo alucinar, esto es una verdad fehaciente, incuestionable y si no se cumple es más por desidida o desconocimiento nuestro que por el clásico “así siempre ha sido”. Si seguimos manejando la idea de que nos gobierna un partido estamos terriblemente mal y no por manejar la idea sino porque estamos permitiendo que esto suceda de verdad, es darles la oportunidad de inclinar la balanza hacia el lado de su “extracción partidista” y no los estamos metiendo en cintura, no les estamos exigiendo que paren y no lo estamos haciendo porque lamentablemente, nuestros congresos no nos han brindado las herramientas para hacerlo.

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Supongo que a estas alturas la mayoría está harto de campañas y es que no estamos viendo un plan de país y de cómo se llevará a cabo y, peor aún, estamos enfocados en las candidaturas presidenciales cuando nuestra primera línea de defensa, de control y de propuesta, es el legislativo y lamentablemente, es ahí de donde provienen nuestros peores ejemplos de “la vida política” nacional.

El presidente, de la extracción partidista que fuere, no gobierna solo, tiene al legislativo y al judicial, y estos dos poderes deben de ser independientes y con un solo jefe… el pueblo mexicano.

Pero vamos por partes, lo primero, lo que nos toca es defender la decisión así sea contraria a tus preferencias. Voltaire (hay opiniones que no lo atribuyen a él) dijo: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Eso enmarca nuestro derecho a la libre expresión, pero y si cambiáramos a “No estoy de acuerdo por quién votaste, pero defenderé con la vida tu derecho a hacerlo” hablaríamos de que antes que cualquier partido o candidato, nos debemos a nuestro país, que somos iguales en nuestra hermandad patriótica, que no es caer en el “patrioterismo” o en el “aislacionismo”, que no es cantar el himno solo en los partidos o decir que en México somos “chingones” nada más porque sí. No, si realmente queremos cambiar a nuestro país y hacerlo verdaderamente competitivo, justo, honesto e íntegro, podemos hacerlo desde el 1 de julio: sal a votar, defiende el voto de los demás y no permitas que nadie intimide, compre, coaccione o limite el voto de nadie, así sea a favor del que tú crees que es la mejor opción. México es más que unos partidos, más que unos candidatos… ¡México es nuestro!