El país se despierta hoy con una decisión de la mayoría: Andrés Manuel López Obrador es el nuevo presidente electo en los comicios del domingo pasado y logró para él no sólo más de un 50 por ciento de los votos sino una legitimidad que pocos podrían reclamarle.

El escenario político nacional cambió radicalmente. En verdad no hubo una gran sorpresa: la gente realmente quería un cambio y ya había fallado el PAN en darlo, el PRI al retomar el poder fue decepcionante y el PRD se desplomó por la personalidad de su principal adversario.

En las campañas, los mexicanos podemos tener candidatos, pero también tener educación y respetar a los que no son correligionarios y no ven el mundo desde nuestra óptica. Cuando termina la elección, pues a felicitar al ganador porque no hay victorias para siempre ni derrotas eternas y eso debería hacernos menos soberbios, más gentiles.

No necesito reiterarles que no me gusta el proyecto de López. Lo veo como una persona que si en verdad es lo que dice no tendría que repetirlo para convencernos sino hacerlo para que lo constatemos. Quienes nos rodean dicen mucho de nosotros y lo que hacemos nos desnuda.

Sin embargo, lo correcto es respetar la decisión de la mayoría y admitirla sin ambages como lo hizo José Antonio Meade primero y luego los otros dos candidatos. Meade, que sabe de eso, fue gentil para tranquilidad de los mercados que ya abrían en Asia, para evitar la volatilidad del peso por la incertidumbre y no dudó en felicitar al ganador teniendo ya toda la información en su poder. ¿Qué se gana cuando uno ya sabe que perdió no felicitando a su adversario? Es un tema de educación, de personalidad y hasta en eso acreditó porqué es diferente.

En Campeche, la decisión de la gente también es contundente. Decidió que en el PRI no hay nadie que les satisfaga y por ello votaron como lo hicieron. Lamento que Jorge Chanona, Christian Castro o Dulce Cervera hayan perdido, pero los felicito por haber participado y deseo que sus adversarios sean magnánimos en la victoria y grandes para enfrentar los retos que el triunfo les platea. Ojalá estén a la altura de las expectativas de quienes los eligieron.

Claudio Cetina Gómez tampoco se alzó con la alcaldía capitalina que fue para Elíseo Fernández Montufar. Felicidades a ambos, lamento la guerra sucia, pero en campaña sabemos que el que se enoja no necesariamente pierde porque no depende tanto de él sino de los electores. Sin embargo, los dos sabían a qué se metían y qué precios pagaron por ello. Lo que no sabían es quien ganaría y ahora pues a trabajar por Campeche porque el reto de Eliseo no es menor y le toca confirmar que lo que dijeron de él es mentira, para bien de todos.

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En Ciudad del Carmen las cifras hasta hoy nos dicen que Oscar Rosas se quedó en la raya y que la gente validó a Gutiérrez Lazarus como su alcalde. Bien por él, que haga un mejor trabajo que el que acreditó hasta ahora.

Para el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas los resultados deben ser educativos. Es tiempo de ver en qué se equivocó, si tomó la decisión correcta en varios temas y, sobre todo, servirle para redireccionar su gobierno y tener un buen cierre de gestión en tres años.

En este proceso, Moreno también confirmó y corroboró quienes son sus amigos, sus leales a toda costa y quienes son capaces de traicionar para sus propias aspiraciones. La victoria tiene mil arquitectos, la derrota no reconoce a ninguno.

López ganó de nuevo en Campeche, como lo hizo en la elección de 2006.

Desde ayer, los mexicanos debemos de retomar el camino, de resarcir las ofensas y groserías que la campaña nos provocó y aceptar que la decisión de la mayoría no necesariamente confirma que estamos equivocados sino que menos pensaron igual que nosotros aunque haya que trabajar con quienes ahora son autoridad y brindarles nuestro apoyo.

El triunfo no fue para quienes ganaron sino para quienes votaron por ellos. Ojalá lo entiendan los que resultaron electos y honren esa legitimidad y para honrarla sólo deben de cumplir lo que han ofrecido y evitar que su gente, los que lo rodean, cometan excesos que terminen por minar su legitimidad.

Vivamos con intensidad el nuevo México, aportemos y ayudemos, pero no olvidemos quienes somos, de dónde venimos y cuáles son nuestros anhelos, nuestros proyectos, porque este gobierno tardará seis años, ni un minuto más. Espero.

Los partidos deberán de hacer una enorme reflexión y reinventarse. Ni uno de ellos es el mismo después del domingo. Ojalá sea para beneficio de todos y entiendan que somos nosotros los que los hacemos, no ellos a nosotros.