Raúl Sales Heredia

México es un país grandioso, lleno de recursos naturales, de una biodiversidad privilegiada, estratégicamente ubicado. México tiene todo y, no obstante, estamos siempre inmersos en algún tipo de crisis, sea económica, política, educativa, alimentaria, de salud o de inseguridad. México tiene todo… los mexicanos… no.

Desde el discurso de López Portillo en que deberíamos aprender a administrar la riqueza y fue uno de los momentos en que creció más la deuda externa debemos entender que no todo es como nos dicen que es, que no todo se resuelve con una promesa o un argumento dilatorio. México tiene todo… Hasta infinita paciencia.

Cada elección, sea del nivel que sea, vemos dos cosas: el ataque entre candidatos y las promesas sueltas al viento y creemos y nos esperanzamos y decimos que en esta ocasión todo será mejor pues peor no puede ser y, los ataques nos sirven para depurar nuestra decisión “ese no porque es corrupto”, “ese tampoco porque tiene vicios”, “ese menos porque dicen que dicen que dicen…” Ganar es todo, lo demás puede esperar.

Y en esas promesas dichas con tanta seguridad, con tanto manoteo, con tanto gesto de reafirmación, incluso, en ocasiones hasta gritado, creemos, queremos creer y la mayoría, simplemente no cumple, no nos cumple lo que nos prometieron, no cumplen su juramento ante la constitución, no entienden el valor de la palabra, el compromiso que implica, el poner lo que eres en la balanza y solo lo ven como palabras, como el medio para un fin, como un mero trámite antes de alcanzar sus deseos, no los nuestros, los suyos.

México tiene todo, tiene personas que ante el cinismo con que les mienten, les dan el beneficio de la duda y cuando termina el único momento en que son escuchados y abrazados y donde les sonríen como si fueran sus mejores amigos, se encogen de hombros pues muy en el fondo no esperaban que está versión de lo mismo fuera a cambiar algo pues ya se están dando cuenta que el sistema lleva una inercia difícil de romper, difícil de modificar… Difícil de entender.

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Nos dicen que la corrupción es lo que nos tiene en el hueco, que es cultural, que estamos tan acostumbrados que no vemos otra forma y nos dicen después que se luchará contra ella, pero como confiar en que se pueda acabar con la corrupción si es el mismo sistema el que designará a quien habrá de luchar contra ello, de entrada habría vicios, desconfianza ¿y si tienen intereses? ¿Y si son amigos? ¿Y si es solo un puesto más? ¿Sería necesario combatir la corrupción si los que juran cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes que de ella emanan, realmente lo hicieran?

¿Y nosotros? ¿Estamos listos como pueblo para intervenir? Si estamos listos ¿Podremos hacerlo? ¿Cómo lo haremos?

Dime, ¿conoces a tu diputado? ¿Llevas un seguimiento del cumplimiento de sus promesas? ¿Ya se dio otra vuelta por tu casa? (Es lo mínimo que te debe si cuando fue a pedir tu confianza lo aceptaste en tu hogar) ¿Ya te explicó en qué se gastaron los 20,000 de gestión mensual? ¿Guardó las facturas? ¿Viste las obras? ¿Lo sientes verdaderamente libre? ¿Sientes que te representa? Si las respondiste todas ya casi estamos del otro lado, ahora solo falta que entendamos que no necesitamos esperar una política pública de auto empleo sino las ganas de emprender; que no requerimos esperar el inicio del nuevo ciclo de educación para aprender algo nuevo; que podemos ir a cualquier dependencia y enterarnos de que hay, de cómo, cuándo y dónde se hará pues somos los jefes, somos quienes pagamos y somos a los que nos interesa.

México tiene todo pero tenerlo no es suficiente sin nosotros. México puede tener todo pero, para que se vuelva nuestro todo, requiere que demos un paso al frente, unidos, enterados y comprometidos con el de a lado, el de enfrente, el de atrás, entendiendo que somos capaces de hacerlo todo siempre y cuando… Lo hagamos juntos.