En diciembre el presidente López Obrador y también su secretaria de Gobernación anunciaron un cambio en la política migratoria. El centro de la propuesta fue que todos los migrantes serían bien recibidos, que en México había mucho trabajo y que se podían quedar en el país con una visa de visitante por razones
humanitarias.
Solo dos meses se mantuvo la promesa del discurso, diciembre y enero, y en febrero se volvió a la política del presidente Peña Nieto de deportar a los migrantes a sus países de origen. El nuevo gobierno nunca dijo del cambio y menos se dieron razones del mismo.
La evidencia señala que el presidente López Obrador se “dobló” a las amenazas del presidente Trump y se aceptaron sus exigencias. No se ha dicho a cambio de qué. El presidente mexicano es un maestro del doble discurso: dice una cosa y hace otra.
Al final de enero, por orden presidencial, ahora no se hace nada sin la misma, el Instituto Nacional de Migración (INM) cerró el programa de tarjetas o visas por razones humanitarias.
En ese momento el INM inició la detención de todos los migrantes, en particular los centroamericanos, por no tener visa. El embajador de Honduras en México, Alden Rivera, afirma que se ha vuelto a la política del pasado y lo mismo dice el embajador de El Salvador, Carlos Enrique Cáceres.
Esta política consiste en tres pasos: detener a los migrantes en su tránsito por México; llevarlos a una estación migratoria y luego deportarlos a sus países de origen. El gobierno mexicano pone los medios, para sacarlos del país.
En las dos últimas semanas de marzo, cuando arreció la presión de Trump, el gobierno de México deportó a 300 hondureños al día, según el embajador Rivera. El operativo no se ha parado y ya no volverá a
detenerse.
Por lo menos una periodista preguntó al presidente dos veces, en una de las comparecencias de la mañana, sobre el cambio de estrategia pero éste no le respondió. En las dos ocasiones evadió la respuesta. Lo mismo ha ocurrido con el canciller Ebrard.
Las estadísticas del propio INE dan cuenta del cambio de estrategia. En enero de 2018 se detuvieron y deportaron a 9,248 migrantes y en enero de 2019 a 7,547; en febrero del 2018 a 11,549 y en febrero de 2019 a 9,894, en marzo de 2018 a 11,779 y en marzo de 2019 a 12,746.
Aunque el presidente y el canciller no lo reconozcan ya es imposible esconder que la política migratoria cambió. La realidad se impuso al discurso de buena voluntad y políticamente correcto. La presión de Trump hizo que López Obrador reculara.
Las autoridades migratorias de Estados Unidos, más allá de los discursos de campaña de Trump, reconocen que el nuevo gobierno de México ha empezado a colaborar con ellas al detener más migrantes que el gobierno anterior. Más pronto cae un hablador que un cojo.