Raúl Sales Heredia

La elección del Estado de México por su población y sus recursos se convierte en el estado más importante para la elección del 2018 por eso, los militantes de los partidos políticos tienen la piel hipersensible ante cualquier cuestión que se refiera a sus candidatos o a su partido y no obstante, en lugar de presentar una plataforma de construcción, se desgastan en una de ataque a sus contrincantes, en tirar detritos al ventilador para salpicar a otros militantes, candidatos y a los partidos en general.

La cuestión es que ya de por sí, la credibilidad de los partidos políticos está por los suelos, la ideología es solo una palabra y la mayoría de los mexicanos no somos militantes de ninguno de ellos. Matizar realidades a través de un cristal pintado de rojo, azul, amarillo, verde, vino, turquesa, no permite que nuestros actores políticos piensen  primero en el bienestar de su sociedad sino, en la de su partido. Muchos de los que no somos parte de ningún partido, votamos por la persona antes que por sus colores de militancia, nuestro voto suele ser diferenciado y tristemente, después de ver ataques constantes en campaña donde se tachan de corruptos, inmorales, mentirosos, incapaces y otras linduras, solemos votar por el que consideramos no el mejor, sino el menos malo.

En una discusión (no debate, no intercambio, no exposición de argumentos) con un militante, me decía que el partido proveía las herramientas para llegar al poder (no servicio, no gobierno) y que su función era presentar los mejores cuadros para ganar las elecciones. Ahí solo pude decir “sí esos son los mejores cuadros, entonces no hay futuro en el país” su revire me dejó helado “primero llegamos y luego, veremos qué hacer”. No sabía su estatuto, no sabía la historia de su partido, no sabía si era girondino o jacobino (de ahí surgen los términos de derecha o izquierda). El fin justifica los medios, atacar a otros siempre será más sencillo que lograr un brillo mayor.

No soy militante porque no creo que un país merezca dividirse por cuestiones de partido, porque no me agrada que muchos representantes populares emanados de los partidos representen primero los intereses de estos, antes que de sus votantes, no soy militante porque prefiero la objetividad antes que el sesgo; no soy militante de ningún partido porque no siento que hayan evolucionado y donde los méritos no tienen nada que ver con la capacidad sino con el tiempo de adhesión o las amistades que tienes.

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Pero ese soy yo, es mi manera de ver las cosas, es mi decisión y estoy bien con ella, no obstante, soy parte de una sociedad que tiene ciertas carencias en lo que se refiere a ciudadanía, en la que su participación se ve limitada y eso se debe en gran medida a que quien escoge a los candidatos que nos representarán son un diminuto grupo dentro de una mínima porción de la población que está dentro de esos partidos. Como pude un ciudadano ser mejor si quienes toman las decisiones están pensando solo en las elecciones, en verse bien, en aparentar, en tomarse la foto y no son consultados en sus inquietudes, en sus necesidades, donde el empoderamiento del pueblo (somos supuestamente una democracia) es dejado de lado para seguir una agenda distinta a la de la mayoría.

Los partidos políticos deberían de ser asociaciones civiles, sus dirigentes no deberían cobrar, deberían convertirse en donatarias autorizadas para su vigilancia y recibir donativos de sus militantes (hasta 7% de sus ingresos generados en el año fiscal inmediato anterior), no de nuestros impuestos; deberían modificar sus procesos internos de designación de candidatos; deberían ser receptores de las inquietudes de su sociedad y generadores de propuestas de mejora pública, abierta al escrutinio de todos; deberían ser los primeros garantes de la honestidad e integridad de sus candidatos y en caso de que estos no fueran así, retirarlos de las contiendas y denunciarlos además de, disculparse en nombre de todos sus demás militantes; deberían subir su nivel de argumentos y no atacar a otros partidos, a sus militantes o simpatizantes pero, sobre todo, deberían dejarle muy claro a los que comparten su ideología, que el servidor público le sirve al pueblo no al partido, que si se le dio el apoyo del mismo y se les designó como candidatos es porque comparten una misma visión y no porque se colgarán del puesto pues quien elige, es el ciudadano.

Creo en México pero hoy, me cuesta mucho… creer en sus partidos políticos.